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22 de agosto de 1972 – Masacre de Trelew

Jueves, 22 Agosto 2019 13:14

El 15 de agosto de 1972, en la postrimería del gobierno dictatorial del General Alejandro Agustín Lanusse, veinticinco presos políticos pertenecientes al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo); las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros, se fugaron del penal de Rawson en la provincia de Chubut. Seis de ellos lograron llegar al Chile de Salvador Allende. Diecinueve no alcanzaron a subir al avión. Se entregaron luego de acordar públicamente garantías para su integridad física. El 22 de agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados a mansalva con ráfagas de ametralladoras en la base naval Almirante Zar. Como antes había sucedido en la masacre de José León Suárez, algunos sobrevivieron para contar la historia, para mantener viva la memoria, para no olvidar, ni perdonar.

LA FUGA

La cárcel de Rawson tenía ocho pabellones. Los cuatro primeros eran de presos comunes y los restantes, de los políticos. Los pabellones de mujeres estaban en los pisos superiores. El 15 de agosto a las 18.30 comenzó la toma del penal y la fuga. En diez minutos tomaron los puntos neurálgicos y redujeron a un grupo de aproximadamente 60 guardias. El guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, que intentó impedir la fuga, resultó ser el único muerto en los sucesos.
Los guerrilleros estaban numerados jerárquicamente para la fuga del 1 al 110. Fuera de la cárcel, no encontraron los camiones que debían estar esperándolos para llevarlos al aeropuerto de Trelew; los disparos que se escucharon provenientes del penal, los habían dispersado.
El primer contingente formado por los seis máximos jefes guerrilleros tomó el único coche que había permanecido, con el estudiante de Agronomía y Veterinaria Carlos Goldenberg (FAR) al volante. Los 19 guerrilleros restantes, que habían logrado salir, llamaron taxis desde la guardia del penal. Llegarían al aeropuerto de Trelew con un retardo fatal.
Los seis jefes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, integrado por Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Mena, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Narvaja, lograron abordar en el aeropuerto un avión de Austral que previamente había sido copado y escaparon hacia Chile donde el gobierno de Salvador Allende les permitió seguir viaje a Cuba.
Los otros presos que se habían escapado llegaron al aeropuerto justo cuando despegaba el avión que llevaba a sus compañeros. Intentaron tomar, sin éxito, otro avión que debía arribar pero que finalmente no descendió al ser alertado desde la base naval Almirante Zar.
Después de una conferencia de prensa en el aeropuerto, se entregaron ante los periodistas y con la promesa de las autoridades judiciales y militares de que sus vidas serían respetadas, fueron alojados en la base naval Almirante Zar.

LA MASACRE

"El 22 de agosto de 1972, a las 3.30 de la mañana, los 19 presos fueron obligados a salir de sus celdas, los hicieron pararse en fila en el pasillo y los ametrallaron a mansalva. Los gritos se mezclaron con la furia de las ametralladoras, el humo se confundió con la sangre. Gritaban de dolor los heridos, gritaban de locura asesina sus verdugos. Quienes sobrevivieron a la primera ráfaga se tiraron dentro de los calabozos.

María Antonia Berger, luego de recibir un primer impacto en el estómago se arrojó dentro de su celda, la sangre brotaba de su vientre tiñendo su revolución de carmesí. Escuchó ruido de botas y escuchó tiros de gracia. Los quejidos e insultos de sus compañeros en la hora final, se fueron acallando. María Antonia, con su dedo ensangrentado, escribió "papá", "mamá" en la pared. De pronto, un segundo impacto le destrozó la mandíbula. Los asesinos borraron su escrito con zaña. Ella todavía estaba viva, sentía que le estallaba la cabeza, pero no se movió, no se quejó. Creyeron que estaba muerta y siguieron su masacre por las otras celdas.

María Antonia, volvió a pintar su dedo con sangre, pero esta vez escribió en la pared la palabra LOMJE, consigna que durante mucho tiempo se pintó en los muros de la ciudad "Libres o Muertos, Jamás Esclavos".

Virginia Giussani

El Día

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