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El 60% del segundo cordón de Buenos Aires votó por Axel y Magario

Miércoles, 11 Septiembre 2019 07:10

(adnmarcospaz // Héctor Menéndez).--  La prensa del sistema demonizó a Axel Kicillof como marxista, comunista, antes de las Paso del 11 de agosto. Los más pobres, explotados y trabajadores votaron con más del sesenta por ciento en todos los partidos del segundo cordón. Esa misma prensa se “olvida” de analizarlo y de celebrarlo.

Para nosotros ha sido una alegría enorme que realimenta nuestras viejas utopías de la revolución proletaria y el socialismo en el marco de la gran derrota que hemos sufrido desde los años setenta.  El próximo gobierno tendrá que apoyarse en la potencia de esa fuerza concentrada allí que está en toda la Argentina. Toda América Latina ha aumentado sus latidos al impulso de esta interna junto con la enorme elección mexicana que llevó al gobierno a Lopez Obrador.

La primera condición que deberá cumplir el Frente de Todos, para seguir siéndolo en el gobierno, es defender en forma inalterable la soberanía nacional destrozada por el gobierno vende patria de Mauricio Macri y su banda. Junto con la embajada y los servicios norteamericanos y de Israel.

    La pendiente de la curva de extranjerización de la economía que dio el salto de los años noventa con Menem y Cavallo, aumentó durante los gobiernos kirchneristas. Al final de ese período las empresas extranjeras facturaban el 69.9 por ciento de toda la facturación y ese dominio trajo la derrota del 2015. El desarrollismo dependiente, el dominio del capital externo sobre la economía le abre el camino a experiencias como la de Macri ó Bolsonaro. El enemigo no es la política neoliberal como recitan los desarrollistas reformistas.

Esa política la sostiene el imperialismo. La valiente lucha de Cristina Fernández de Kirchner que hoy el pueblo argentino reivindica se pierde ante la avanzada del imperialismo que instaló a Macri y Bolsonaro y las corporaciones empresarias en el gobierno de estos dos países.

    Las empresas imperialistas invierten, previa imposición a los gobiernos semicoloniales, el otorgamiento de condiciones excepcionales e ilegales que impiden el funcionamiento de los sindicatos con las conquistas democráticas conseguidas por los trabajadores del sector hasta entonces.

Los trabajadores metalúrgicos de Argentina tenían una participación destacada en la UOM antes de que los gobiernos desarrollistas de la segunda mitad de la década de los años cincuenta del siglo pasado cerraran la incipiente industria automotriz estatal con la fabricación de múltiples autos, utilitarios como el Rastrojero (ver adjunto) y radicaron 21 empresas automotrices extranjeras que reproducen parcialmente los modelos de los países centrales, por los que Argentina debe pagar royalties. A 65 años de radicada esta industria es deficitaria en el sector externo por 10.000 millones de dólares anuales.

    Como el costo de la mano de obra en las fábricas terminales automotrices es bajo, pagan salarios un poco más altos y tratan de formar un sector de aristocracia obrera. Fracasaron políticamente. Trataron de utilizar ese rango superior de salarios para romper la unidad obrera en los sindicatos habiendo conseguido del gobierno que impida la organización de un convenio nacional de la industria mientras los trabajadores de cada fábrica debían enfrentar al trust de todas las empresas imperialistas que nunca compiten entre ellas en las semicolonias.

Esa “aristocracia” en Córdoba fue ganada por la lucha nacional y de clase en Kaiser primero y en Renault después y enfrentó al sistema de gobiernos militares en el Cordobazo de 1969.   A Macri/Usa le pasó lo mismo con camioneros, bancarios y otros sindicatos que llegaron a votar por Macri y ahora están en la punta del nuevo viento obrero y popular que festejamos en la encuesta del 11 de agosto.

    Por lo antedicho polemizamos con los reformistas que agotan la lucha en el apoyo electoral a CFK sin crítica alguna. No habrá solución a la crisis social y política que envuelve a todo el sistema capitalista  e imperialista mundial sin transformarlo revolucionariamente. La lógica loca de esta situación prebélica está más cerca de un desastre guerrero nuclear que de ninguna de las locuras cambiantes de Donald Trump. Por eso la lucha por la soberanía nacional está atada a la continuación del bloque Unasur.

Por eso debemos luchar por la renacionalización de todas las fuentes de energía, los servicios públicos, la tierra y todos los sectores claves de la economía, la banca y el comercio exterior. Como dicen los jóvenes que vitorean a CFK diciendo: aquí están los soldados para la liberación. Y la liberación social pasará inevitablemente por la liberación nacional. No habrá jamás liberación en la dependencia. La amenaza a Venezuela del gobierno colombiano es la táctica de los Estados Unidos que amenaza a toda la región.

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