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998 estudiantes en cárceles mexicanas por defender la gratuidad universitaria

Miércoles, 18 Marzo 2020 07:38

(adnmarcospaz // Gilberto Enrique Ramírez Toledano / México DF).- Publicamos la cuarta parte del estudio de Gilberto Enrique Ramírez Toledano sobre la huelga general de 1999 de la UNAM, una institución central de la vida intelectual, académica y política de México. La primera parte puede consultarse aquí, la segunda aquí y la tercera aquí.

A 20 años parece difuso, pero los rastros del conflicto siguen vivos en la UNAM. La ultraderecha recalcitrante que gobernaba la UNAM, del tipo Barnés de Castro siempre déspota y autoritario, el porro Brígido Navarrete que controlaba grupos de choque internos, los directores Serrano Migañón de Derecho o Pérez Correa en Ciencias Políticas y Sociales, pasaron a la sombra.

Desde el rompimiento de la huelga el viejo priísmo universitario de mano dura tuvo que ceder espacios a una nueva burocracia más allegada a círculos del PRD, con quienes desde entonces se estableció un nuevo equilibrio de fuerzas. Este PRD-PRI, con diferentes tendencias, hoy se reparten los huesos de poder de la universidad más grande de América Latina, con un nada despreciable presupuesto que hoy suma más de 45 mil millones de pesos (más de 2 mil 300 millones de dólares)

Los grupos porriles, antes todopoderosos que controlaban varias facultades y escuelas de bachillerato en la Universidad, hoy aparecen y desaparecen a conveniencia de los grupos de poder que los financian, pero con clara debilidad en comparación con lo que se vivía en los años 90. Antes de 1999, se levantaban actas y se consignaba ante el ilegal Tribunal Universitario a profesores y estudiantes, por motivos tan ridículos como “hacer una reunión”, o “pegar un periódico mural”.

El sueño de modificación al reglamento general de pagos ni se menciona. Desde el año 2000 ningún rector en turno se ha atrevido siquiera a mencionar el tema. Aunque cobros por trámites, seminarios, diplomados se han venido incrementando poco a poco en los lugares donde la correlación de fuerzas se los permite. Es decir, donde no hay estudiantes organizados y luchando.

De las reformas neoliberales de 1997 y los vínculos con el CENEVAL, hay altibajos. Los reglamentos que decían que serías dado de baja si no terminas tus estudios en tiempo y forma (ver la primera entrega de esta serie de artículos) están suspendidos, pero las autoridades se las arreglan para decirle a los estudiantes, sobre todo de bachillerato que han tardado más de 4 años en egresar que “es mejor que te des de baja voluntaria, porque si no, no se te asignará la carrera de tu elección”, y de esta forma miles de alumnos inscritos pierden su lugar en la UNAM y vuelven a hacer el examen de admisión para la licenciatura.

De igual forma, los vínculos con el CENEVAL están rotos, pero la Universidad sigue haciendo los injustos y discriminatorios exámenes estandarizados de selección, incluso con las mismas reglas del CENEVAL que se implementan en el famoso examen único de ingreso al bachillerato (formalmente organizado por la Comipems), donde participa la UNAM.

Por tanto, dos cosas quedan claras: por un lado, que hay mucho por qué seguir peleando, pero por otro, que la huelga valió mucho la pena y que su victoria sigue siendo patente, a 20 años de distancia. Después del asalto a la UNAM por más de 2 mil 500 militares, algún universitario decía: “somos la generación del alma desgarrada y la huelga rota”, y así fue, pero ¿cómo fue que se llegó a este punto? ¿cómo fue la táctica, diseñada desde la Presidencia, la Secretaría de Gobernación y la Rectoría de la UNAM, para dar fin a la tenaz huelga del CGH?

Renuncia de Barnés e imposición de De la Fuente (llegado directamente del gabinete de Ernesto Zedillo)

Habían experimentado de todo: violencia, secuestros, amedrentamiento, campañas intensas en medios, el engaño de las “cuotas voluntarias”, la trampa de la “propuesta de los profesores eméritos”, clases extramuros que los paristas llamaban “extraburros”, pero nada les salía bien. Incluso el ala moderada de la huelga había echado ya toda la carne al asador con su “victoria” del “replanteamiento del pliego petitorio”, que el gobierno y la rectoría desdeñaron.

El CGH, a pesar de los meses de lucha, seguía adelante, mostrando fuerza con sus grandes movilizaciones, convenciendo al pueblo con sus incansables brigadas. Pero a los de arriba les quedaba su última carta, y la trabajaron con cautela, con tiempo, se trataba del rompimiento de la huelga por la vía de la fuerza, con la irrupción a los planteles de la recién creada Policía Federal Preventiva (PFP, de mayoritaria extracción militar, por lo que el CGH le llamaba a sus miembros “los militares disfrazados de gris”)

El primer paso para el desenlace final se orquestó desde el 5 de noviembre de 1999 en la marcha sobre periférico, donde los medios por primera vez mostraban una movilización de los estudiantes, transmitiéndola en vivo a nivel nacional, haciendo presión para la salida del Dr. Barnés, desgastado y repudiado, que finalmente presentó su renuncia el 12 de noviembre, cuando la UNAM cumplía ya 207 días de paro.

Unos días después fue designado el nuevo rector, Juan Ramón de la Fuente, ex secretario de Salud del presidente Zedillo, que de inmediato fue presentado por todos los medios como un “conciliador”, “más político”, “amable”, etc. Llegó de la mano de José Narro, subsecretario de salud y viejo conocido de los grupos de poder priístas dentro de la Universidad. Al movimiento le costó trabajo adaptarse al cambio y entender que se debía modificar su táctica. Pero el gobierno se movía con agilidad. De inmediato De la Fuente convocó al diálogo con el CGH (que nunca había sido reconocido como interlocutor válido del conflicto por las autoridades pasadas)

Hay que decir que, en un principio, el rector recién llegado convocó a que los estudiantes no paristas fueran a las asambleas a votar por el regreso a clases, pero cuando vieron que más bien los alumnos discutían, se convencían de la justeza de la lucha y se nutría más la huelga, echaron marcha atrás y se concentraron en el plan original.

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