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La infancia y adolescencia en las nuevas ciudades neoliberales latinoamericanas

Viernes, 31 Enero 2020 08:27

(adnmarcospaz // Mónica Rubio / Asesora Regional de Políticas Sociales en la Oficina Regional de UNICEF).-- América Latina y el Caribe es la segunda región más urbanizada a nivel global y la que presenta los más altos índices de desigualdad.

Imagen relacionadaEconomista investigadora y ex ministra Mónica Rubio.

Las ciudades de la región que, por un lado, son fuente de oportunidad, innovación, dinamismo y de generación de economías de escala son también, por el otro, espacios que reproducen formas de crecimiento desigual que se expresan en exclusión social, segregación, desigualdad y pobreza.

La infancia y adolescencia de la región no es ajena a este contexto. Este artículo sintetiza los resultados de un estudio que estima y caracteriza la situación de precariedad habitacional padecida por niñas, niños y adolescentes urbanos en la región y muestra su vinculación con un desigual acceso a servicios, al goce de derechos y a oportunidades de las que dependen sus propias posibilidades de desarrollo (Bagnoli, Born y Minujin, en prensa). A modo de evidenciar la magnitud del problema se comparan los niveles de la desigualdad intraurbana con base en las condiciones habitacionales con la clásica desigualdad entre zonas rurales y urbanas.

Cuadro elaborado por técnicos de la CEPAL, Chile

De esta manera se busca proveer de evidencia sobre la inequidad y las difíciles condiciones de vida en las que crece una importante cantidad de niños, niñas y adolescentes en las áreas urbanas más deprimidas de la región. Observar la relación entre condiciones habitacionales y las condiciones de vida amplias de la niñez y adolescencia y sus familias permite comprender cómo se expresan las desigualdades intraurbanas y brinda evidencia clave para las decisiones de políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones de vida y de desarrollo de la niñez y adolescencia en las ciudades de la región.

En efecto, más allá de la vulneración de derechos directamente ligados con el disfrute de una vivienda digna y con acceso a servicios adecuados, existe sólida evidencia con relación a cómo las privaciones en el contexto habitacional limitan otros derechos. Así, la falta de agua potable, saneamiento y energía para la cocción de los alimentos tienen consecuencias perjudiciales para la salud; la falta de materiales de calidad en la construcción de la vivienda expone a las personas a riesgos climáticos y de seguridad; el hacinamiento y la falta de electricidad impiden contar con un espacio adecuado para estudiar y descansar, lo que repercute en el desarrollo cognitivo en la infancia y en el desarrollo laboral en la adultez, a la vez que favorecen una mayor propensión a situaciones de abuso. En definitiva, abordar la precariedad habitacional no solo tiene valor en sí mismo, sino que también constituye una variable que es fundamental para comprender las desigualdades urbanas [2].
                                                                 

El análisis que se presenta a continuación descansa en la medición de laprecariedad habitacional, una categoría que permite caracterizar las condiciones materiales adversas del contexto inmediato en el que habitan niñas, niños y adolescentes, para identificar a los grupos más vulnerables en las ciudades. Esta precariedad habitacional toma en cuenta las siguientes dimensiones: a) características de la vivienda en cuanto a materiales de piso, techo y paredes; b) condición de convivencia o hacinamiento, y c) acceso a servicios de agua, saneamiento y energía. Para cada dimensión se definieron umbrales de privación moderada y grave.

Sin precariedad habitacional indica que no se observan privaciones en ningún indicador; precariedad habitacional moderada indica que se presenta un solo indicador con privación moderada y los demás sin privaciones, y precariedad habitacional grave indica que dos o más indicadores resultan con privación moderada o al menos uno con privación grave.

Tal como puede verse en el gráfico 1, el 51,2% de niñas, niños y adolescentes que viven en zonas urbanas en América Latina reside en hogares con algún tipo de precariedad habitacional. Dos de cada diez viven en condiciones de precariedad habitacional moderada y tres de cada diez enfrentan precariedad habitacional grave. Es decir, más de 80 millones de niñas, niños y adolescentes de zonas urbanas enfrentan algún tipo de privación en sus condiciones habitacionales [3] y unos 18 millones residen en hogares con precariedad habitacional grave. Tomando en cuenta proyecciones poblacionales, la niñez y adolescencia con precariedad habitacional urbana casi duplica a la población total de niños, niñas y adolescentes que vive en zonas rurales, y que se estima en 46 millones de personas entre 0 y 19 años [4] .

Los niños, niñas y adolescentes tienen un 44% más de probabilidades que un adulto de vivir en condiciones habitacionales deficitarias. Mientras que la mitad de ellos se encuentran en situación de precariedad habitacional, este porcentaje alcanza solo a 35,8% de los adultos. Esta relación es más evidente en la población con déficit habitacional grave, tomando en cuenta que 30% de niñas, niños y adolescentes viven en situación de precariedad habitacional grave, frente a un 17% de adultos.

En el gráfico 2 se presentan los datos de precariedad habitacional a nivel de países de la región. Haití, Barbados, Estado Plurinacional de Bolivia, Guyana y Honduras son los países con mayor porcentaje de niñez y adolescencia que habitan en hogares con algún tipo de precariedad. Tomando en consideración la precariedad habitacional grave, Haití, Honduras y el Estado Plurinacional de Bolivia son los países con mayor incidencia, mientras que Costa Rica, Colombia y el Uruguay son los países con una mejor situación, seguidos por Trinidad y Tobago, Panamá, la Argentina y México, todos por debajo del promedio regional.
¿Qué hay detrás de la condición de precariedad habitacional de niñas, niños y adolescentes? Existen diferencias entre las variables que conforman el índice de precariedad habitacional, siendo el hacinamiento el de mayor tasa de privación (considerando privaciones severas y moderadas), donde uno de cada tres niños, niñas y adolescentes urbanos habita en hogares hacinados (34,2%) [5] , seguido de las privaciones en saneamiento (21%) y materiales (16%). Por último, se señalan las carencias en agua y energía, con prevalencias del 8% y del 10%, respectivamente (véase gráfico 3).
Es relevante considerar que los promedios ocultan diferencias importantes entre países: por ejemplo, en Guatemala, Honduras y Haití, más del 60% de niñas, niños y adolescentes de áreas urbanas viven en condiciones de hacinamiento. Por otro lado, el indicador de saneamiento muestra una mayor incidencia de privación en Barbados y Haití con porcentajes superiores al 80%. En cuanto a materiales inadecuados de construcción, en Santa Lucía, el Perú y Guyana más del 40% de esta población urbana enfrenta carencias. Finalmente, casi la totalidad de los niños, niñas y adolescentes de Haití vive con privación en energía, y cerca de una tercera parte se encuentran en esta situación en Guatemala y Honduras. En la República Dominicana y Barbados, la privación en agua se aproxima al 20%. No debe sorprender que los países con mayor incidencia de precariedad habitacional son los que presentan menor brecha entre este indicador para los niños, niñas y adolescentes y para los adultos. Es decir, en estos países, la precariedad habitacional es extendida y la mayor parte de la población se encuentra en esta condición. Tal es el caso de Haití, por ejemplo, que tiene el mayor porcentaje de población con déficit habitacional grave y virtualmente generalizada. Por el contrario, la mayor desigualdad intergeneracional relativa se presenta en los países con menor tasa de carencias habitacionales graves, como Costa Rica, Panamá, Trinidad y Tabago y el Uruguay, donde la incidencia de la precariedad habitacional grave entre los niños, niñas y adolescentes casi duplica a la de los adultos.
PRECARIEDAD HABITACIONAL Y SU RELACIÓN CON LA DESIGUALDAD EN EL GOCE DE DERECHOS
Como se ha mencionado, los entornos físicos inmediatos donde habitan niñas, niños y adolescentes tienen un impacto fundamental en áreas esenciales para su desarrollo. El cuadro 2 resume tres tipos de información: los resultados para la infancia y niñez urbana de la región para una serie de indicadores de condición de vida o de goce de derechos. Para cada indicador se presenta la incidencia total, rural y urbana. Esta última, a su vez, muestra la incidencia en hogares urbanos sin y con precariedad habitacional grave y moderada. Las dos columnas finales muestran la desigualdad relativa entre hogares con precariedad habitacional grave y aquellos sin precariedad, como un indicador de la desigualdad rural/urbana y, finalmente, la desigualdad intraurbana. Estos dos últimos indicadores se expresan como un índice o ratio entre las incidencias que, cuando son mayor que uno, evidencia desigualdad de resultados.

Además de las privaciones propias de las condiciones materiales de los hogares donde viven niños, niñas y adolescentes urbanos, se plantea cómo estas se asocian con el acceso y cumplimiento de una serie de indicadores vinculados con derechos y dimensiones del bienestar de la infancia. Es posible afirmar que la niñez y adolescencia que vive con precariedad habitacional grave tienen una mayor probabilidad de morir antes de cumplir los cinco años, de padecer desnutrición, de no contar con un seguro de salud, de experimentar una atención prenatal deficiente, de transitar embarazos tempranos y sin planificación familiar, de no acceder a instancias de cuidado adecuado ni de aprendizaje temprano, o de no asistir a la escuela en la adolescencia. Sumado a lo anterior, la falta de conocimiento sobre VIH/SIDA y el uso de métodos de disciplina violenta son problemáticas que atraviesan a la mayoría de la niñez y adolescencia en la región, sin importar su condición habitacional. Cabe resaltar que el sobrepeso, por su parte, afecta en mayor medida a la niñez y adolescencia sin precariedad habitacional.

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