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El fundamentalismo norteamericano en América latina es económico, político y religioso

Domingo, 05 Enero 2020 15:00

(adnmarcospaz // Wim Dierckxsens y Walter Formento / Caracas).-- Este trabajo tiene su punto de partida cuando el Continentalismo Financiero Norteamericano dio inicio a su ataque defensivo para subordinar y coordinar a toda Sudamérica de México a Argentina y desde Perú a Brasil, a lo largo y ancho de Sudamérica.

Este ataque del Continentalismo norteamericano se desarrolla a través de sucesivos golpes de estado en distintos países nacionales y plurinacionales, donde el de mayor trascendido es el golpe de estado sudamericano en Bolivia. Que va acompañado también de intentos y procesos de golpe en México, Chile, Brasil, Ecuador, Argentina, etc.

En Brasil estos ya venían sucediendo desde la destitución de Dilma Rousseff y la prisión de Lula, ambos casos se han demostrado que fueron por causas injustificadas, “diseñadas a medida” por un sistema judicial corrompido y por un sistema electoral donde el “uso” de la inteligencia artificial y del Big Data permitieren hechos golpistas de nuevo tipo, al manipular tecnológicamente el proceso electoral hasta corromperlo.

El golpe de estado, usando cualquier tipo de medios e instrumentos, se ha convertido para el continentalismo norteamericano  en el modo de tratar de resolver su declive estratégico histórico demorando su “caída”, si bien ya no puede parar el declive de sus capacidades estratégicas como potencia internacional. Aunque aún mantiene uno de los mayores arsenales nucleares militares, la capacidad y decisión de “usarlo” se encuentra fracturada. Porque también se encuentran en ese estado sus capacidades económico-estratégicas y técnico-militares, divididas en distintos países la deslocalización de sus transnacionales principalmente en el Asia-pacifico, y lo técnico-militar en diferentes unidades-países de la OTAN, que solo se pueden implementar unificadas a partir de una coordinación que ya no controla el continentalismo norteamericano.

Esta situación de declive estratégico norteamericano, agudizado en su momento de perestroika norteamericana 2019-2020[1], es lo que se manifiesta en la amplitud y agresividad de los golpes de estado en Sudamérica que lleva adelante. Una potencia en situación de declive estratégico siempre se manifiesta en su mayor agresividad en general y particularmente desde lo técnico-militar, por su declive económico-tecnológico. Se manifiesta militarizando la sociedad civil, tal cual lo realizo más nítidamente Alemania, Japón, Italia entre 1910-1950. Incluso Estados Unidos desde 1933 en adelante.

El golpe sudamericano en Bolivia 2019[2], muestra de manera clara y contundente como el Continentalismo norteamericano instrumenta y usa en el golpe de estado tanto lo militar como lo paramilitar, lo policial como lo parapolicial, la Inteligencia Artificial, la guerra sicología y la instrumentación de las nuevas religiones de diseño específico para la confrontación y acción directa. Y lo usa para fracturar sociedades civiles y promover enfrentamientos que implican y legitiman el asesinato del adversario devenido en enemigo.

Religiones de uso específico que fanatizan para fracturar a la sociedad civil y enfrentarlas entre sí. Religiones que tienen una raíz histórica en el protestantismo como opción por el capitalismo, pero que desde principios del siglo pasado de manera incipiente y a partir de 1969-70 con mucha fuerza toman un nuevo rumbo. Observamos primero con Rockefeller como mentor y más específicamente hoy con la perestroika norteamericana, con las nuevas líneas evangélicas pentecostales y neo pentecostales que muestran un diseño artificial nuevo y que se organización a partir de la opción por la “prosperidad” financiera, por el negocio económico financiero de proveer la bendición y luego, es su enemigo quien obstruye el proceso de prosperidad, llevando al fanatismo de la fractura étnica, racial, etc.

En Bolivia, el golpe sudamericano del continentalismo norteamericano mostrara toda su crudeza, toda su diversidad de instrumentos para frenar su declive, en su batalla por destruir a los oponentes. Lo hará principalmente en Bolivia por su rol geoestratégico para la región: por sus minerales, su gas, por su complejo sojero, por su posición geográfica y por ser el lugar de transito y asiento de la nueva ruta de la seda sudamericana que va desde el Océano Atlántico en Santos en Brasil, pasando por Paraguay, recorriendo Bolivia y saliendo al Océano Pacifico por Perú.

Todos estos elementos son los que trabajaremos en este artículo teniendo como eje central las funciones de estas nuevas religiones de diseño específico en un mundo en crisis estructural y en un momento de ésta donde se agudizan todas las confrontaciones y emergen las dimensiones de la realidad en toda su expresión y crudeza.

El Día

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