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Muchos piensan en "Chávez en 2002" cuando exigen la "vuelta de Evo"

Jueves, 14 Noviembre 2019 07:50

(adnmarcospaz // Modesto Emilio Guerrero).-- En los últimos dos días, la imagen de Hugo Chávez ha sido recordada en muchos programas de la televisión de Argentina. Lo evocan cuando se refieren a la manera como ha sido echado del poder Evo Morales y piensan en la resistencia social en La Paz que exige la vuelta de Evo Morales al país.

Es inevitable que ocurra esta evocación porque se trata de una victoria política de un pueblo y por extensión de los pueblos del continente. Los trabajadores cocaleros que marcharon desde el Chapare este jueves 14 de noviembre, gritan en las calles de La Paz que no se irán hasta "vuelva Evo", su presidente legal. 

La Presidenta de Bolivia, Jeanine Añez, lanzó ayer un mensaje a la Nación en el que asegura que las dos tareas de su gobierno de transición son derogar la sentencia del Tribunal Constitucional que favoreció a los exmandatarios Evo Morales y Alvaro García Linera para que sean de nuevos candidatos y la organización de las elecciones generales.La nueva presidenta practicó el "estilo Guaidó", en la República Plurinacional de Bolivia. Se nombró jefa de Estado con el hemiciclo casi vacío. Faltaba la bancada del MAS que ocupa dos tercios del Congreso. Janine Añez se metió en un laberinto del que no tiene conciencia ni sabe como salir.

Creyó, con la ingenuidad del político arribista, que bastaba posesionarse de la silla presidencial para crear poder real. En otro  salón cercano, la verdadera sucesora constitucional, la masista Adriana Salvatierra, la desafiaba con los títulos de Presidenta en funciones de la cámara de Senadores. En realidad, Salvatierra le daba forma institucional a la crisis social de las calles donde la población y militancia pro Evo Morales se manifestaba contra la nueva Presidenta de derecha y proyanqui.

Salvatierra había renunciado, como Evo, pero Añez cometió el error de no refrendar esa renuncia en el Senado. Este dislate bastó para que explotara el decorado pesidencial de la auto nombrada Jeannine Añez.

Decenas de miles de manifestantes salidos de los rincones menos esperados de La Paz, El Alto y otras zonas cercanas a la Capital, se congregaron todo el día para protestar, en algunos momentos enfrentando a la policía con piedras como vieron que lo hicieron en la vecina Ecuador los jóvenes de la CONAIE. La temible COB amenazó horas antes con paralizar totalmente el país si no había orden consititucional, pero muchas de sus bases decidieron poner en acción ese llamado con los tradicionales e incontrolables cortes de rutas provinciales, sobre todo las que permiten surtir a la Capital golpsta de alimentos y otros víveres.

El movimiento campesino de los Ponchos Rojos, en alusión al color de sus ponchos, la poderosa organización comunal de El Alto organizado en la FEJUVE, que tiene la militancia más radicalizada y fuerte de Bolivia después de la COB, muchos sindicatos afiliados en esta central, miles de mujeres indígenas y urbanas, organizadas y no organizadas, vestidas con sus polleras tradicionales, además de jóvenes militantes del MAS o seguidores indígenas indígenas de Evo Morales.

Estos fueron los sujetos activos de la movilización en La Paz alrededor y en la Plaza Murillo, muy cerca del Palacio Presidencial donde Añez presumía de presidenta y comanzaba a dictar sus primeras medidas y diseñar su primer Gabinete.

La sucesión de hechos en Bolivia es sorprendente, pero se amolda en general a los fenómenos sociales y políticos conocidos desde mediados de la década anterior cuando asumieron gobiernos como el de Evo Morales. A violentas acciones de grupos de derecha gritando "fraude", siguió la caída del gobierno de Evo mediante una renuncia forzada debido al vaciamiento policial y militar del poder central. Sin embargo, esos dos hechos no condujeron a un gobierno fuerte y estable y menos a una dictadura. Esta falencia no le restó al golpe su carátcer de golpe de Estado.

Es simple: Desde Cursio Malaparte, un golpe existe cuando una fuerza política activa acciones violentas y echan al poder constituido legalmente. No importa si surge una dictadura de las Fuerzas Armadas. De hecho, cuando Malaparte escribió su libro homónimo, Musolini estrenó su golpe en Italia y las Fuerzas Armadas no se convirtieron en el gobierno. Las fascio da combatimento, civiles pero violentas ocuparon el lugar del poder de la misma manera que la Senadora Añez lo ocupa ahora.

Lo nuevo de los últimos tiempos en el continente, que expresa la debilidad y fragilidad de su vida social, económica y política, es que un golpe no conduce inevitablemente a un gobierno estable de fuerza. Tampoco puede impedir el ejercicio democrático de facto de las movilizaciones populares. Al contraro de las décadas de los 50 y 60, un golpe no estabiliza gobiernos bonapartistas ni dictaduras militares o civil-policiales. Los nuevos gobiernos de derecha surgen pero sin un eje instituccional alrededor del cual armar el nuevo sistema institucional de carácter golpista.

Al revés de la norma histórica de los golpes, éstos no logran consolidarse en nuevos gobiernos basados en la autoridad militar o policial. Al contrario, lo que sigue al golpe es un estado de inestabilidad social y política de alto calibre que no permite un nuevo gobierno de derecha. El caso más conocido de este fenómeno social ocurrió en Venezuela en 2002 cuando en 47 horas un golpe militar retrocedió ante una rebelión popular chavista que devolvió al Comandante a Miraflores.

¿Puede ocurrir esto, de la misma manera, en la Bolivia de Evo Morales? No hay forma de saberlo y sin duda no ocurriría con las mismas pautas y formas que en la Venezuela de aquel año aciago. Lo que si se puede prever es que del golpe consumado no surgirá un gobierno fuerte, de tipo bonapartista, y menos una dictadura como la de Barrientos u otra similar. No es posible. La fuerza de la movilización pro Evo lo impide. Si esa dinámica se mantiente por días no descarta que se produzca una combinación de condiciones similares a las que conocimos entre el 13 y el 14 de abril de 2002 en Caracas, cuando los golpistas huyeron despavoridos  y dejaron el espacio al nuevo poder de Hugo Chávez.

Ese poder nuevo se habíaa ganado en las calles, sobre todo a la rebelión social-militar de la ciudad de Maracay, a una hora de la Capital, donde la población se armó y organizó para marchar a Caracas y presionó a los generales dubitativos, como Isaías Baduel, a dar un paso al frente y disponer de sus fuerzas armadas al servicio de la insurrección. Cuando las cosas llegan a este punto solo quedan dos opciones al sector golpista: retroceder o avanzar con una masacre.

Nada garantiza es que en Bolivia se repita aquel escenario deseable de 2002 en Venezuela. Por la mismas razones tampoco se puede asegurar que eso no sea posible. dependerá de A) que la movilización callejera se mantenga y radicalice con las horas, B) que la gente pro Evo en las calles encuentre entre sus dirigentes (Evo desde México o Salvartierra en La Paz), una señal de esperanza, de salida. C) Que el nerviosismo social se convierta en nerviosismo político en los jefes golpistas y que las fuerzas conspiradoras externas desde Brasilia, Buenos Aires-Jujuy y Washington den paso atrás porque no les da el cuero para ordenar una masacre.

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