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Piñera trata a la rebelión social como el "enemigo interno" a combatir en las calles

Lunes, 21 Octubre 2019 08:20

(adnmarcospaz // Macarena Segovia y Hernán Leighton / Santiago de Chile).-- Ayer domingo, a tres días de desatadas las manifestaciones en Santiago y otras regiones, el Presidente Sebastián Piñera fue incapaz de presentar soluciones, más allá de imponer el estado de emergencia para dejar el control del país en manos de las Fuerzas Armadas.

Desde el palacio de La Moneda no salió ninguna idea más que el congelamiento del alza de la tarifa, una respuesta tardía y pobre ante la emergencia. Con un Gobierno desfondado y los fusibles extremando sus últimos recursos, el rostro del Mandatario se volvió el catalizador de la frustración. Lo complejo del escenario llevó en horas de la noche al Jefe de Estado a inclinarse por la retórica bélica, una que había intentado dejar a un lado con ciertos matices, pero que finalmente pesó más en la balanza de los cálculos gubernamentales.

Es así como cerró la jornada del domingo con un insólito “estamos en guerra”, aludiendo a un enemigo interno. Si antes se esforzó por buscar un símil en Patricio Aylwin, ahora le bastó una frase y una foto para encontrarlo en Pinochet.

 Pasadas las 15 horas del día domingo, es decir, cerca de 48 horas desde que se desatara la crisis político-social más importante desde el retorno a la democracia, el Presidente Sebastián Piñera apareció ante los medios de comunicación nuevamente sin respuestas.

El único anuncio que tuvo en la ocasión, y desde iniciada la crisis, fue el del envío del proyecto de ley que buscaría congelar el alza de 30 pesos en la tarifa del Metro de Santiago, una medida que ya había sido anunciada y que desde el propio oficialismo catalogaron de insuficiente, esto tras la cita con los representantes del Poder Judicial, Haroldo Brito; del Senado, Jaime Quintana; y de la Cámara, Iván Flores.

Por más que se haya citado a representantes de varios espectros del mundo político, empresarial y social, para buscar consensos de cómo superar una situación que nadie en Palacio vio venir, - principalmente porque fueron varios al interior quienes le bajaron el perfil-, el Ejecutivo durante todo el fin de semana se mostró falto de iniciativas y de presencia, signo inequívoco de un mal diseño de contención. Porque una cosa fue la falta de tacto del ambiente, pero otra, es la respuesta a la misma cuando se es el encargado de la administración de un Gobierno.

De esta manera, y pasado incluso el toque de queda a cargo del Ejército, de forma inédita y ante la sorpresa de una amplia gama del mundo político y social, el Mandatario emitió desde la guarnición de Carabineros una declaración de prensa en la que apareció rodeado de militares, como si la imagen fuera sacada directamente de los años 80 y recordara los peores episodios de la historia de este país, hipotecando con esa mera puesta en escena cualquier intento político por aplacar la pulsión de las calles.

Pero el Presidente fue más allá, partió su alocución afirmando que "estamos en guerra", tal como lo hiciera Pinochet en dictadura, aludiendo al enemigo interno como foco de la crisis.  Inmediatamente medios internacionales recogieron sus frases que ya están dando vuelta al mundo. Si antes buscaba un símil en Patricio Aylwin, le bastó una frase para encontrarlo en Pinochet.

La reacción se sintió inmediatamente en la calle. Desde los diferentes balcones y esquinas de la capital, -apenas conocido el nuevo tono y directriz-, respondieron con nuevos cacerolazos, expresión de la profunda crisis social que el Gobierno ha insistido en no reconocer, y que con esta puesta en escena vuelve a hacerlo.

De esta manera, y con un diseño defectuoso el Presidente terminó por quemar a los fusibles más rápido de lo recomendable. Situándose en un Estado de Guerra, el Mandatario escribió el epílogo de un plan que comenzó hace tres días, periodo en el que cuatro autoridades diferentes salieron a criminalizar las manifestaciones-, que al menos hasta ese día viernes, no habían escalado a la magnitud que se pudo presenciar en los días siguientes.

Es así como el jueves en la mañana, la primera en quemarse a la bonzo fue la vocera Cecilia Pérez, quien consultada por la evasión no tardó e calificar de delincuentes a los involucrados, luego vendría el turno del subsecretario de Interior Rodrigo Ubilla, quien en la tarde del mismo día señaló que se trata de “delincuencia pura y dura”, hubo que esperar el viernes para que el ministro del Interior, Andrés Chadwick, siguiese la misma línea del ensayo y error, , agregándole como condimento la invocación de la Ley de Seguridad del Estado, la última en completar la estrategia fue la ministra de Transportes, Gloria Hutt.

Ya incinerado el salvoconducto ideado en Palacio, la persona del jefe de Estado, es quien se tuvo que hacer cargo de las vocerías. De esta manera, y ante la magnitud del de las movilizaciones masivas a lo largo del país que tenían como centra los problemas de desigualdad social, el Mandatario como el último eslabón de la cadena concentró en sí mismo todo el malestar.

La afrenta del senador Manuel José Ossandón, que realizó tanto en los patios de palacio como al interior de la reunión con diferentes representantes del oficialismo fue un ejemplo de ello. Cuestionó la decisión presidencial con la que se enfrentó la problemática desde sus inicios.

Como algo pocas veces visto, la frase renuncia Piñera comenzó a escucharse con fuerza. Nuevamente las redes sociales hicieron eco y se levantó el hashtag #renunciapiñera y que tuvo una adhesión exponencial el domingo tras su declaración de guerra. La diputada Karol Cariola calificó la desafortunada frase como lo más "irresponsable" que se ha escuchado, y el Presidente del Senado, Jaime Quintana, salió rápidamente a rebatir que "aquí no hay ninguna guerra".

Para el analista Axel Callís, el escenario de la desigualdad es el fondo del problema, y el Presidente se ha revelado como un rostro incapaz de contener en algún grado una crisis que hace aguas desde todos los frentes.  “ El propio Piñera es un factor de enervamiento social, él representa todo lo que la gente ya no quiere, representa el abuso, el hecho que haya hablado primero con los dueños de los supermercados antes que con los actores sociales, refleja cuáles son sus prioridades, (…) el problema que tiene es que su pulsión  es siempre, en primer lugar con el negocio y sus pares”.

En este contexto, no pocos recordaron que la Presidente proviene del mundo empresarial, que es parte de la élite, que su hermano José Piñera es el ideólogo del sistema de AFP, uno de los factores de mayor promoción de indignación social. Y que, por otro lado, el ministro de Interior es su primo, y que "evasiones" el presidente tiene un nutrido historial. Desde su oficina, cuestionaron en el oficialismo, no salió respuesta ni proposición alguna,  para intentar encausar un problema que hasta el cierre de la edición, no mostró signos de agotamiento.

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