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Las negociaciones de Noruega y las condiciones del chavismo // OPINIÓN

Miércoles, 22 Mayo 2019 09:17

(adnmarcospaz // Carol Babroffi).-- adn.info publicará en dos entregas el extenso escrito de la investigadora paraguaya Carol Babroffi, más por por el interés que representa al relatar aspectos clave de la gobernabilidad venezolana, que por compartir todas sus opiniones y caracterizaciones sobre el proceso venezolano.

La autora es una intelectual paraguaya, doctorada en Ciencias Políticas y Economía. Profesora universitaria en Asunción. Investigadora del Posdoctoraedo en Gobernabilidad. Su trabajo fue editado inicialmente en el medio web Viento Sur.

Oslo transpira el espíritu del orden burgués Las noticias más recientes sobre el conflicto de gobernabilidad en Venezuela reseñan una reunión es Oslo, Noruega, a partir del 16 de mayo de 2019, entre un sector de la oposición y representantes del gobierno de Nicolás Maduro Moros.

Es el primer resultado público de las reuniones telefónicas entre Trump y Putin, la sesión de trabajo entre Lavrov y Pompeo y; el intercambio de opiniones entre Putin y Pompeo, esta última ocurrida solo un día antes que se activara el escenario de Noruegaii.  La diplomacia rusa, con la aparente anuencia de Washington, buscaría jugarse en Oslo la posibilidad de una negociación en tres etapas. La primera y actual, que intenta abrir un espacio de intercambio y una lista de coincidencias entre las burguesías de la cuarta y la quinta república.

La segunda, incorporando a la tercera pata de la mesa, las representaciones del capital trasnacional (Guaidó, Machado y otros) hasta lograr nuevos consensos tripartitos. La tercera, iniciar una ruta de solución negociada de la crisis con las tres facciones burguesas, a partir de puntos de acuerdo mínimos para la gobernabilidad, a mediano y largo plazo.  Es una incógnita si Maduro comparte o no, todas las implicaciones de este esfuerzo; aunque evidentemente los hechos lo llevan a participar en cada uno de las iniciativas de negociación. 

El cuello de botella con el que parte el diálogo estriba en la dificultad para resolver un punto: Maduro acepta y promueve las conversaciones con un pre-requisito irrenunciable: el reconocimiento de su elección y mandato; la oposición participa como una de las alternativas para sacar a Maduro del poder. Cuanto están dispuestas a ceder las partes en estos “puntos de honor”, es la interrogante central. 

Si esta iniciativa fracasa, Moscú podría aceptar a regañadientes “otra solución”, al menos que la diplomacia china entre al escenario jugando sus cartas. Trump exige una solución antes de su elección y sus socios imperialistas tratarán de proporcionársela. El imperio tricéfalo y extra territorial avanza en su constitución, a partir de complementarse en las soluciones a sus problemas. El mismo día de iniciada la cita en Oslo, los representantes de la otra iniciativa internacional de negociación, el Grupo de Contacto de la Unión Europea, eran recibidos en el Palacio de Miraflores, por el Presidente Maduro; no trascendieron los avances, porque la atención pareciera estar centrada en las coordenadas de longitud E10°44'0.96" y latitud N59°54'42.84. 

Por otra parte, el Grupo de Lima, la iniciativa capitalista más radical, que ha liderado el reconocimiento de unos cincuenta países a Guaidó y desde la cual se acompañó el intento de desestabilización del 23F, desde la ciudad Cúcuta ubicada en la frontera colombovenezolana, decidía suspender su encuentro en Guatemala, a la espera de los resultados de las dos iniciativas anteriores. Las “rutas” de diálogo que permanecieron silenciosas ese día, fueron la que lideran Uruguay y México, así como la del Vaticano. China sigue expectante, a la espera de ver cómo se mueven las piezas, seguramente para proponer una alternativa en caso que se tranque el juego en la ciudad escandinava.

Los representantes del gobierno Bolivariano informaron del encuentro en Noruega, a través de sus cuentas de twitter; enfatizando en que “la paz es el camino”. Lo hicieron antes que el propio mandatario nacional Nicolás Maduro lo anunciara. Sigue la práctica comunicacional de ser el presidente el último que habla de temas estratégicos. Esperemos que, en este caso, no sea por ignorancia supina respecto a las letras pequeñas de la agenda. Horas más tarde Guaidó, el auto proclamado, reconoció que la oposición estaba participando en estas reuniones. Evidentemente lo hizo para no tener que explicar porque nadie de su confianza y del sector burgués que representa, estaba allí sentado. Su colega ideológica y de campo burgués fue mucho más enfática. 

María Corina Machado en una entrevista a través de NTN24 señaló “lo único que aceptaremos es la salida de Maduro y las mafias"; ni más, ni menos”iii. A lo cual agregó: “condeno el nuevo intento de diálogo entre el régimen y la oposición con la intermediación de Noruega. Pregunto si de verdad creen que un conglomerado en el que confluyen la guerrilla, narcotraficantes, redes de contrabando y terroristas cederán el poder así de fácil.

Una vez más, se trata de un episodio de espaldas al país y con los actores responsables de esta tragedia, pero de nuestra parte, se trata de impedir que ese conglomerado criminal se expanda a la región, por lo que la solución debe ser continental” (NTN24). Con estas declaraciones María Corina Machado trataba de explicitar su reconocimiento unidimensional a las acciones del llamado Grupo de Lima. Solo minutos después, el senador norteamericano Marco Rubio, quien ha fungido como el “padrino” de este último sector, manifestaba en su twitter: “¿Cómo puede una negociación ser una negociación de “buena fe” cuando #MaduroRegimen sigue deteniendo y persiguiendo a miembros destacados del movimiento democrático y la Asamblea Nacional en #Venezuela?”iv. 

Guaidó vuelve a pronunciarse el mismo día, esta vez a través de la radio, para indicar que “la única negociación posible y que aceptaremos es la salida de Maduro”. Unas horas más tarde, quizá para mostrar que sigue teniendo el control de la oposición, publicó que le recordaba a la opinión pública, que como “presidente (interino), ”había indultado al comisario Simonovisv, de quien se estaba anunciando, había escapado de su privación de libertad, la cual cumplía mediante custodia de funcionarios del SEBINvi. 

Por otra parte, trascendió a través de las redes sociales de los delegados de la oposición, que el mecanismo de encuentro en Noruega estaba en una “fase pendular”, es decir, de consultas por separado. Aún ningún medio anuncia ni informa, sobre la participación de algún integrante de la fracción radical de la oposición, que lidera el presidente de la Asamblea Nacional.  El dato relevante y novedoso de este encuentro, gira en torno a quienes de manera pública asisten al mismo, en representación de los intereses de parte de las fracciones burguesas en disputa. Veamos si logramos aproximarnos a una caracterización al respecto.  

¿Quien es cada uno y cada cuál? Por el lado del gobierno participan dos delfines del Madurismo, Héctor Rodríguezvii (HR) gobernador del estado Miranda y Jorge Rodríguez (JR)viii, Ministro de Comunicación e Información del gobierno venezolano. Los dos no son lo mismo; el primero, tiene clara ambiciones presidenciales y expresa un esfuerzo político pragmático de control de daños,  para heredar una fuerza política que le permita ser candidato presidencial a futuro, en un eventual giro público suyo de orden socialdemócrata, algo que ya lo es en la práctica, pero adornado en la actualidad con un discurso de radicalidad. 

Héctor Rodríguez asume el recambio como algo generacional, planteando la necesidad de generar el retiro forzoso de la política, a los mayores de cuarenta años, más aún de aquellos que participaron en la lucha revolucionaria entre 1958 a 1998; es una forma de despolitizar la disputa y concentrarla en temas de intereses grupales y personales.  Otro desafío que tiene HR es el factor militar.

Aunque fue Vicerrector de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA) no forma parte de ninguno de los clanes militares y es demasiado civil para los cuadros politizados de las FANB.  Cambio generacional y reconfiguración del rol del estamento militar parecieran ser los dos temas “ocultos” de la agenda de HR en cualquier negociación.   Por su parte Jorge Rodríguez, es un sobreviviente político, un Fouché Bolivariano, quien trata de evitar ser víctima de la guillotina que instale cualquier transición.  Era reconocido por Chávez, pero al llegar Nicolás Maduro a la presidencia subió su estatus, convirtiéndose en unos de los asesores principales de Miraflores. 

Por la oposición asisten: Gerardo Blydeix, originalmente militante de Primero Justicia quien devino en un cuadro de Un Nuevo Tiempo (UNT), desprendimiento socialdemócrata de Acción Democrática (AD); Fernando Martínez Mottola (ex-ministro de CAPx y expresidente de CANTV); y Stalin Gonzálezxi (UNT).  Es decir, por la oposición está sentada la socialdemocracia alternativa a Acción Democrática; eso explica en alguna medida la inusitada ofensiva gubernamental de los últimos días, contra miembros de la dirección nacional de Acción Democrática (AD). 

Pareciera que hay que dejar fuera del juego, temporalmente, a los “históricos” y reformatear todos los escenarios, para buscar otra “salida”, aquella que los “viejos” no lograron vislumbrar. Ciertamente los diputados Ramos Allup y Zambrano estuvieron publica, notoria y comunicacionalmente implicados en el desarrollo del intento de golpe de Estado del 30 de abril de 2019, pero no era la primera vez que directamente o por terceros, habían estado implicados en conspiraciones. Entonces ¿por qué la reacción gubernamental actual?

La reunión de Oslo lo explica. Para que la fracción de la socialdemocracia, expresada en Un Nuevo Tiempo (UNT), tenga capacidad de intermediación internacional debe disminuirse a su mínima expresión y desprestigiar a la otrora poderosa AD. Entonces la reunión de Oslo no es un “conejo” sacado del sombrero de algún mago a última hora, sino que se venía construyendo luego de los sucesos del 30 de abril de 2019 y las reuniones entre EEUU y Rusia.

Henry Ramos Allup había sido hasta ahora, algo así como la puerta de la oposición permanentemente abierta hacia la Socialdemocracia Internacional, a la que el gobierno insistía en mantener abierta, por ello, nunca se le persiguió en estos veinte años, a pesar de su beligerancia, verbo incisivo y vínculos con el golpismo del 2002.  Las ordenes de captura que se han generado en los últimos días contra las figuras más reconocidas internacionalmente de AD, Ramos Allup miembro por años de la dirección de la Internacional Socialista (IS) y Edgar Zambrano, diputado del Parlamento  Latinoamericano con tareas regionales asignadas por la IS, parecieran indicar que otras puertas se están abriendo, hacia los herederos de la II Internacional.

Tanto Héctor Rodríguez (gobierno) como Stalin González y Gerardo Blyde (oposición) se presentan (sin reconocerlo públicamente) como aspirantes a representar políticamente a las burguesías venezolanas. El primero a la surgida entre 2002 y 2018 y los segundos a la que emergió entre 1958 y 1998.  Al ser parte de un mismo grupo etario (Héctor Rodríguez y Stalin González), ambos aspiran a ser actores fundamentales en el recambio en el siglo XXI de lo que fue la generación de 1928, para la revolución democrático burguesa de 1958.  Ambas representaciones presentes en Oslo, expresan a las burguesías construidas bajo el amparo del Estado, tanto en la cuarta como en la quinta República.

El instinto de sobrevivencia de las burguesías comienza a operar y actúan básicamente para protegerse de los intentos de Voluntad Popular (Leopoldo López y Guaidó) y Vente Venezuela (María Corina Machado). Estos últimos factores intentan constituirse en los intermediarios para la conformación de una burguesía trasnacional, que borre del mapa a las viejas burguesías locales, amamantadas por la teta del Estado rentista. 

No nos caigamos a engaños, aunque aparenten lo contrario, la nueva burguesía trasnacional en eclosión, tiene ojos y oídos en las mesas de Oslo a través de los propios organizadores. Además, harán hasta lo imposible para que la figura que obtenga rédito político de cualquier eventual acuerdo sea alguien del clan Guaidó o él mismo. Esto no descarta que alguna de las fracciones burguesas “nacionales” decida dar el salto a la competitividad, y aliarse con el capital trasnacional; y no sería osado pensar en que los nuevos ricos sean los que se pongan más rápidamente el paracaídas. De ocurrir este último giro, se modificaría de manera sustantiva la correlación de fuerzas.

Esta mesa de Oslo es el primer intento serio de acuerdo entre dos fracciones de la burguesía, la cuarta republicana y la de la quinta república, intentando dejar fuera al “coco” que representa la representación del capital trasnacional. Sin embargo, no todo lo que está en juego son intereses políticos locales, sino que la actual crisis política venezolana ha permeado y es parte de la geopolítica global en medio de la mundialización del capital. 

En consecuencia, la reunión de Oslo es la apertura, no la melodía, del acuerdo donde los solistas debutantes son las potencias imperialistas norteamericana, rusa y china. En Oslo no están sentadas ni representadas las fuerzas que impulsan una revolución estructural de la sociedad venezolana, ni tiene representación el movimiento popular ni las bases radicales chavistas del proceso Bolivariano. Oslo es la expresión de la capitulación de clase del proceso Bolivariano. 

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