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Cuando la frontera de Latinoamérica con Estados Unidos significa la muerte

Martes, 10 Julio 2018 17:03

(adnmarcospaz).-- Poco antes del amanecer un domingo de agosto, un conductor recogió a Christopher Cruz en una casa de contrabando en esta ciudad fronteriza. El salvadoreño de 22 años estaba feliz de irse del lugar, donde los contrabandistas guardaban empaques de cocaína y marihuana junto a las personas, pero también ansioso por lo que le esperaba en su camino.

El conductor dejó a Cruz en un punto ilegal de cruce en el río Bravo. Un contrabandista le tomó una fotografía con un celular para confirmar su identidad y la envió por WhatsApp a otro conductor, que iba a recogerlo cuando cruzara. Si es que lo lograba.

El viaje de alrededor de 3000 kilómetros le había costado a la familia de Cruz más de 6000 dólares y lo llevó hasta Brownsville, Texas. Los 800 kilómetros restantes hasta Houston —donde merodean la Patrulla Fronteriza y las policías local y estatal— les costarían otros 6500 dólares.

Era una cantidad de dinero prácticamente impensable para alguien que ganaba solo unos cuantos dólares al día recogiendo granos de café en su país de origen. Pero Cruz no emprendió el trayecto en busca de un empleo mejor pagado: estaba escapando de la violencia y de lo que describió como una muerte casi segura a manos de pandillas locales en El Salvador.

“No hay otra alternativa”, dijo Cruz. “Lo primero que pensé fue: ‘Necesito irme de aquí sin importar lo que cueste’”. En su camino hacia Estados Unidos, Christopher Cruz fue identificado por contrabandistas según un número, un nombre falso o simplemente como “el paquete”. 

El tramo de la frontera suroeste de Estados Unidos que buscaba cruzar se ha vuelto el epicentro de la batalla del gobierno de Donald Trump contra la inmigración. El endurecimiento de la frontera y los crecientes peligros de llegar hasta esta han provocado que cada vez más familias desesperadas recurran a operaciones de contrabando bastante sofisticadas para que sus familiares puedan llegar a Estados Unidos.

La historia de Cruz es un ejemplo detallado del precio de ese periplo. El dinero que fue pagado a una red de conductores que lo escondieron en semirremolques y en minibuses; la cantidad que fue desembolsada para costear su resguardo temporal en casas de paso; la suma que dieron a organizaciones criminales que coordinaron su cruce, y la que entregaron a oficiales de policía mexicanos como soborno para que lo ignoraran en el camino.

También es una muestra de cómo —pese a esos pagos— los coyotes abandonan a migrantes cuando consideran que son demasiado lentos u otros son forzados a ser mulas de drogas. En momentos del trayecto, Cruz fue identificado por contrabandistas con un número; en otros, con un nombre falso. Pero lo más común es que fuera llamado “el paquete”: algo que se mueve como si fuera un producto para conseguir alguna ganancia.

Todo lo valió para Cruz. “Pueden construir los muros que quieran”, dijo. “Pueden mandar a los soldados que quieran a la frontera, pero la necesidad y el deseo de la gente de tener una mejor vida es mucho más fuerte que eso”.

Con la promesa de detener la inmigración ilegal hacia Estados Unidos, Trump ha dicho que construirá un muro, ha desplegado a la Guardia Nacional a la frontera y ha promovido que haya redadas en lugares de trabajo si se sospecha que hay alguna persona sin documentos migratorios ahí. En la última década, los cruces fronterizos ilegales han disminuido, pero en los meses pasados, en respuesta a un aumento de centroamericanos que buscan cruzar, el gobierno de Trump también ha adoptado una política de tolerancia cero.

Esta prevé la presentación inmediata de cargos penales contra quienes migren ilegalmente y, en un inicio, la separación de familias, así como la eliminación de la violencia pandillera y doméstica como razones para otorgarles asilo a quienes lleguen por medio de los puntos de cruce legales.

“Esa política de tolerancia cero y la publicidad que desató por la separación de menores van a fortalecer a las redes de contrabando y reforzarán el patrón ya visto de un aumento de los riesgos, costos y montos a pagar”, dijo Guadalupe Correa-Cabrera, experta en la delincuencia organizada. “Seguramente disparará la demanda que hay de contrabandistas y resultará en vínculos aún más fuertes entre los tratantes y otros actores criminales, como los cárteles de drogas y agentes policiales corruptos”.

Para reconstruir el trayecto de Cruz desde El Salvador, The New York Times los entrevistó a él y a su familia, y revisó fotografías, mensajes de texto, recibos y sus posiciones en GPS. También se consultó a decenas de expertos, académicos y antiguos y actuales oficiales sobre la economía del contrabando de personas, con ayuda de la documentación de doscientos casos recientes de detenciones por ayudar en el paso ilegal de migrantes por la frontera suroeste de Estados Unidos contra conductores, operadores de casas de contrabando, coyotes y los mismos migrantes.

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