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En Venezuela votó más gente que en varias elecciones del continente

Martes, 22 Mayo 2018 16:30

(adnmarcospaz).-- El segundo boletín oficial del Centro Nacional Electoral (CNE) venezolano anunció que, con 98,78 % de los votos escrutados y un nivel de participación del 46,02 %, el candidato y actual presidente Nicolás Maduro resultó ganador de las elecciones presidenciales (con 6.190.612 votos, seguido de lejos por Henri Falcón con 1.917.036 y Javier Bertucci con 988.761).

Este porcentaje de participación no se diferencia en nada del registrado en países como Chile, donde Piñera fue electo presidente a comienzos del 2018, en Colombia, donde se celebró la primera vuelta, o en el mismo Estados Unidos, donde Donald Trump ganó con una baja participación en las votaciones finales. La diferencia es que ninguno de los casos señalados cuenta con un gobierno indócil al sistema de dominio regional de los Estados Unidos y la Unión Europea. Todo lo demás sobra.

Los resultados se emitieron durante la noche del 20 de mayo; sin embargo, horas antes los gobiernos de Argentina, Perú y Estados Unidos declararon no reconocerlos, en consonancia con el discurso que han mantenido desde la instalación del Grupo de Lima, en agosto de 2017. Por su parte, el principal candidato opositor, Henri Falcón, desconoció la contienda electoral minutos antes de que el CNE anunciara el primer boletín.[2]

La deslegitimación como estrategia

La deslegitimación de las elecciones presidenciales venezolanas por parte de la autodenominada “comunidad internacional” (el Grupo de Lima y la Unión Europea, dirigidos por Estados Unidos), ha sido una constante desde que se anunciara su realización. A nivel interno, una oposición con serias dificultades para acordar un proyecto de país que sirva para disputar con el chavismo en el terreno político se jugó las cartas del intervencionismo internacional y del llamado a la abstención por fraude y “falta de condiciones electorales”. Finalmente, las elecciones se dieron entre continuas sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión
Europea en el orden económico, ataques mediáticos y diplomáticos para instar al desconocimiento del árbitro electoral venezolano (con especial protagonismo del secretario de la OEA, Luis Almagro) y un llamado permanente a la abstención entre las filas opositoras lideradas por la coalición de partidos que fuera la Mesa de la Unidad Democrática, ahora Frente Amplio Venezuela Libre.

A pesar del llamado a la abstención como estrategia deslegitimadora, más de nueve millones de personas votaron en todo el territorio venezolano. Votaron en el marco de una grave crisis económica, con serias incidencias en la cotidianidad familiar. Por otra parte, las elecciones se efectuaron en un ambiente de paz, circunstancia que se maximiza al recordar los graves episodios de violencia (“guarimbas”) ocurridos justo un año antes.

Una vez dados los resultados, el discurso del ala radical de la oposición, abiertamente antielectoral, instala la idea de ilegitimidad con base en la participación del 46,02 % de la población. Cabe preguntarse que si el sistema electoral venezolano no es fiable, ¿cómo es que son válidos y reconocidos los cómputos acerca del número de participación y abstención? Sin embargo, al momento de comparar los votos que sacó el candidato Nicolás Maduro con su contendiente más cercano, Henri Falcón, la brecha de 37,8 % entre uno y otro sí es explicada por los voceros de la oposición como producto del fraude electoral y de la falta de condiciones.
El doble estándar para medir situaciones y postular condenas ha sido una de las formas más reiterativas de atacar el proceso político venezolano en todas sus fases.

Por otra parte, es llamativo que se reproduzca la matriz de la baja participación como argumento para declarar no legítima una elección cuando, primero, no existe ninguna ley que respalde constitucionalmente tal afirmación y, segundo, muchos de los gobiernos voceros del discurso que desconoce las elecciones venezolanas, han sido electos con igual o menor nivel de participación (como son los conocidos casos de Colombia y Chile, ambos con tasas de participación en las últimas contiendas de 40,65 % y 46,7 %, respectivamente). Sin entrar en detalles sobre lo poco directo y participativo que resulta el sistema electoral de Estados Unidos, la
elección del actual presidente, Donald Trump, estuvo empañada por reiteradas denuncias de fraude y una abierta brecha numérica de, al menos, tres millones de personas que votaron a la candidata opositora. Sin embargo, estos hechos no le impidieron el triunfo a Trump[3], en una contienda donde participó el 54,4 % del electorado

En los asuntos que atañen a las elecciones venezolanas, es usual que opinen y declaren voceros de muchos países y medios, lo que no ocurre con procesos similares en otras naciones como Hungría o Bulgaria, por citar solo un par. En este sentido, ¿qué ocurriría si el llamado nacional (e internacional) a la abstención fuese una constante en las elecciones de EEUU, Francia, Colombia o Chile? Cabe la duda de si la “comunidad internacional” lo permitiría, como ha ocurrido con Venezuela y, sobre todo, de cuál sería el nivel de incidencia que un pronunciado y permanente llamado a la abstención tendría en la participación electoral, tomando en cuenta que ya, en estos países, roza o está muy por debajo del 50 %.

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