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Los OTROS PATRIOTAS, una crónica de Alejandro Olmos

Lunes, 31 Octubre 2016 03:25

(adnmarcospaz).-- Francisco Javier Thomas de la Concepción Muñiz, nació en el Pago de Monte Grande, actualmente partido de San Isidro, el 21 de diciembre de 1795. ¿Por qué no hay más este tipo de políticos en la burguesía argentina?

Aunque existen una respetable cantidad artículos,  y libros sobre el primer naturalista argentino, buena cantidad de documentos  y escritos suyos quedaron  silenciados, destruidos o perdidos,  ya que es cosa habitual que  muchas veces la mediocridad quiera olvidar ciertos ejemplos que pueden ser muy molestos. A pesar de los elogios y el reconocimiento que le prodigó Domingo F. Sarmiento, su cercanía con Juan Manuel de Rosas de quien fue médico personal y a quien influenció sobre costumbres sanitarias que debían implementarse, deben haber contribuido durante años a ese silencio sobre una vida y una obra ejemplar.

Muñiz era Cadete del Regimiento de Andaluces en Buenos Aires, cuando el 5 de julio de 1807 cuando la segunda invasión inglesa, salió a defender la ciudad en las cercanías de la Iglesia de San Miguel, en el centro de Buenos Aires, siendo herido y al día siguiente llevado a un claustro de San Francisco, junto a muchos otros heridos de ambos bandos. Solo tenía 12 años.

La primera instrucción sobre las ciencias físicas y naturales las recibió de del Canónigo Banegas, del Colegio de San Carlos y ya en 1821 hacía prácticas de cirugía, recibiéndose de médico al año siguiente. Pero no solo la medicina merecería su atención, sino todo aquello donde sus continuas búsquedas lo llevaban como recorrer las islas del Paraná y escribir sobre un Bosque de Yerba Mate, restos arqueológicos y animales, y todo aquello que la naturaleza le ofrecía
Fue cirujano en Chascomus en 1825, mientras estudiaba restos fósiles, haciendo conocer muchos de ellos, a través de diversas publicaciones. Desde esa fecha y hasta su muerte no descansará de  trajinar entre enfermos, observación constante de la naturaleza, la búsqueda y el encuentro de fósiles que estudiaba con rigurosidad de un paleontólogo.

Después de casarse se instaló en Luján y su actividad médica no quedó limitada a la ciudad, sino visitando lugares distantes. Médico de la Policía por designación de Dorrego, alternará todas sus actividades con estudios topográficos y médicos. Intercambiara conocimientos con Darwin, y recorrerá la pampa logrando la primera colección paleontológica de mamíferos americanos

Tuvo correspondencia con Alcides D´Orbigny,  Darwin, Cuvier, Buffon, Lamark y Saint-Hilaire y, muchos otros como con Aimé Bonpland ,  aunque sus conocimientos no llegaron a Europa como debieran.

Vió la importancia de la vacuna contra la viruela, y consiguió que Juan Manuel de Rosas convenciera a muchos jefes aborígenes a que lo hicieran, dando Rosas el ejemplo, al vacunarse él primero y dando consejos a los indios sobre la significación de ciertos cuidados sanitarios que estos adoptaron debido a la influencia persuasiva que ejercía sobre ellos el Restaurador.

Fue presidente de la Facultad de Medicina y profesor de partos. Estudió a los aborígenes sorprendiéndose de la extraordinaria salud de estos, y analizando sin prejuicios sus características.

Su carrera como médico militar fue un ejemplo, participando en batallas donde curaba y asistía a enfermos y heridos. Estuvo en las batallas de Yerbal, Ituzaingó, en Cepeda y fue cirujano principal cuando la guerra de la Triple Alianza en 1865, cuando muchos médicos jóvenes se excusaron de ir. Tenía 70 años y su espíritu incansable, seguía dando muestras de su entrega para calmar el sufrimiento ajeno, mientras seguía con sus estudios paleontológicos y escribiendo el resultado de los mismos.

Fue miembro de la Real Sociedad Jenneriana de Londres,  Decano de la Facultad de Medicina entre 1855 y 1856 y miembro de la Academia de Medicina, recibió distinciones de Universidades europeas y el Rey Carlos de Suecia lo nombró caballero de la Orden de Wasa. Consta en muchos de los documentos del sabio la constante repetición de palabras como “servicio”, “patriotismo”, “amor”, “caridad”, “misión”, “naturaleza”, “esfuerzo”.

Cuando la guerra del Paraguay y “Los médicos patentados, los farmacéuticos y todo lo que se relaciona con el arte de curar, se negaron a prestar sus servicios, siendo necesario echar mano de un personal desconocido y ajeno a la Facultad de Ciencias Médicas,  médicos distinguidos  prefirieron abandonar sus puestos públicos antes de prestar servicios patrióticos a la vez que humanitarios, en los campos de Batalla, con excepción de algunos pocos como  ¨Biedma, Bedoya Castillo, Gallegos, Golfarini, Damianovich, Soler, Souton, Granados, Gutierrez, Mendia, Fuster, y algunos pocos más, que después de combatir como soldados, curaban y asistían a enfermos y heridos en largas noches en vela, donde el descanso era casi inexistente.
 
A pesar de sus 70 años, vestido de paisano y con su instrumental quirúrgico se presentó ante el Gral. Mitre en Paso de la Patria en los comienzos de la guerra. Se sumó con su hijos a las filas del ejército e  siendo nombrado Director de los  hospitales correntinos en 1866, ofreciendo sus servicios sin pedir remuneración alguna. Conociendo que la Legislatura le había asignado un sueldo extraordinario le escribirá al Vicepresidente Marcos Paz ¨He sabido que el excelentísimo Gobierno Nacional me ha asignado un alto sueldo desde el 1ro de marzo en que partí de Buenos Aires para el Ejército Argentino. Altamente estimo, señor, el sentimiento que haya presidido esa superior resolución, mucho más cuanto tomada para favorecer a un veterano de nuestros ejércitos en la actual penosa situación del erario. Pero debo aclarar a V.E. que toda mi vida rindió verdadero culto al deber, anteponiendo la grandeza de sus inspiraciones a los honores y a los sórdidos instintos del egoísmo y de la fortuna.

Hoy, consecuente con ese sagrado principio y con la espontánea liberalidad con que me consagre al servicio del Ejercito, no debo ni puedo descender de cierta altura que he conquistado, me parece, con algunos sacrificios. Quiero indeclinablemente, por tanto, S.E. que el último servicio que hago, tal vez, a mi país, sea digno de mi patriotismo, de mi abnegación y de mi desinterés. Es por eso que pido a V.E. sino por honor a mi civismo, como justo premio a mi austeridad republicana, se digne suspender los efectos del decreto de ajuste pasado en mi favor a la Tesorería Nacional. Este favor me obligaría para siempre con V.E.¨ Paz le contestó “He recibido su apreciable con la del 9 del corriente donde manifiesta su resolución de renunciar al sueldo que el gobierno le ha designado como compensación a sus servicios.

La carta de Ud. la llevé al acuerdo del gobierno, y en el acuerdo se resolvió no acceder a la petición de Ud., no podría ser de otro modo. El gobierno no puede aceptar tantos sacrificios, porque sería abusar del patriotismo  y generosidad que tanto ha demostrado Ud. en esta y  en otras ocasiones. Si Ud. fuera un hombre de fortuna, yo no habría vacilado en apoyar su petición, pero como me consta que Ud. vive de su trabajo, no es posible privarlo de una remuneración que apenas alcanza para atender a sus necesidades, pero que nunca podrá ser una compensación por sus importantes servicios. Demasiado es que un hombre de avanzada edad y salud delicada, vaya a cuidar de nuestros heridos y enfermos, para que pueda el gobierno consentir que ese hombre viva a sus e expensas.

No, Señor Muñiz, el gobierno no puede aceptar ese sacrificio más; en los que Ud. ha hecho ha probado ya de cuanto es capaz su abnegación y patriotismo, que le han hecho acreedor a la gratitud del gobierno, y a la distinción de sus compatriotas”

No aceptando ese sueldo, en 1869 pidió la jubilación ordinaria, sin privilegio alguno, por entender que solo eso correspondía

En 1871 aspiraba a descansar un poco, debido a su mal estado de salud, pero la epidemia de fiebre amarilla se expande furiosamente y ahí va Muñiz con sus 76 años en auxilio de todo los infectados, sin meditar en las consecuencias, muriendo a los pocos meses del fatal contagio. Lo hizo con esa abnegación de servir a la patria y a su pueblo hasta las últimas consecuencias, sin medir peligros y advertencias, y solo con la conciencia de darse por entero a todos aquellos que lo necesitaban.
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