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ENTREVISTA: Macri dejó sin control a los capitales

Miércoles, 18 Mayo 2016 09:03

(adnmarcospaz).-- Conversación con el economista Agustín D´Atellis, director de la consultora La Gran MaKro, sobre la política económica del actual gobierno argentino, además sus definiciones acerca del trato que Macri le da al Mercosur.

ADN.- ¿Agustín, cuáles son en tu opinión, los pilares del proyecto económico del actual gobierno, que permita diferenciarlo del perfil de los tres últimos gobiernos?

A.D´Atellis.--  En primer lugar es difícil hablar de proyecto económico del actual gobierno, dado que se trata de un conjunto de medidas aisladas, aunque comparten el hecho de ser todas de corte neoliberal, y que implican fuertes transferencias de ingresos a sectores empresarios concentrados. El giro en materia de política económica entre la actual conducción y las tres gestiones anteriores es de 180 grados.

Entre los principales pilares que se han modificado se encuentran, el rol del Estado, la distribución del ingreso, y el rol del Banco Central. Ahondando en cada uno de estos conceptos se encuentran un conjunto de políticas que van cambiando sustancialmente. En el caso del rol del Estado, pasamos de la idea de un Estado presente, actuando sobre la economía, regulando, controlando y redistribuyendo los recursos, a un Estado reducido a su mínima expresión, limitando sus atribuciones al sólo hecho de prestar un conjunto de servicios básicos.

La intervención del Estado en la economía es mal vista por la actual conducción, que se expresa en favor de la libertad de mercado, y considera la acción del Estado como una intromisión, que perturba el correcto funcionamiento del mercado. Más allá de los magros resultados a nivel internacional de esta plena libertad de mercado, sobre todo en favor de mayor concentración a medida que pasa el tiempo, considerarla efectiva para una economía concentrada y extranjerizada como la Argentina resulta muy llamativo.

En el caso de la distribución del ingreso, en las gestiones anteriores era considerada como pieza central, no sólo para la justicia social, sino también como herramienta de política macroeconómica, entendiendo que una distribución más equitativa fortalece el mercado interno, impulsa la demanda y conduce a la economía a una dinámica de círculo virtuoso. Para la conducción actual se trata de una consecuencia natural del crecimiento económico.

Es decir, las autoridades económicas en la Argentina vuelven a abrazar el concepto del Efecto Derrame, donde no deben implementarse políticas de distribución progresiva de los recursos, sino generar las condiciones favorables para mejorar la rentabilidad de los sectores empresarios concentrados, creyendo que esto impulsará el crecimiento vía inversiones, y que posteriormente, un mayor crecimiento derramará hacia los sectores de menores recursos.

El mismo argumento fue utilizado durante las reformas neoliberales de la década del '90 en nuestro país. La experiencia demuestra que el supuesto derrame jamás llegó, y que la polarización del ingreso ocurrida durante el proceso, fue uno de los factores que generó el estallido social y la crisis económica, que impactó fuertemente en aquellos sectores que venían esperando que llegara el derrame.

En tercer lugar, el rol del Banco Central, que pasó de considerarse una pieza más de la implementación de política económica para el desarrollo, actuando como regulador del sistema financiero, a la idea de Banco Central "independiente". El entrecomillado al concepto de independencia tiene que ver con que tal independencia no es tal como se la pretende, sino que refiere a la independencia del poder político, aunque pasa a ser fuertemente dependiente del sistema financiero privado. Esto conduce a la eliminación de controles y la desregulación.

La experiencia demuestra, también, en todo el mundo, que esta desregulación financiera, permite ganar enormes sumas de dinero a los bancos y entidades que participan de este mercado, y plantea a la economía un esquema de valorización financiera, especulativo y cortoplacista, que propicia la gestación de burbujas especulativas, con sus posteriores crisis, que impactan negativamente sobre la economía real, la producción y el empleo.

ADN.- Tu has definido en distintos programa de televisión, que la política económica que adelantan Prat Gay y el Banco Central no conducen a inversiones productivas, sino a las de tipo financiero y especulativo: ¿cómo se puede demostrar éso en la tendencia actual?

A.D´Atellis.-- Argumento del gobierno para justificar el deterioro ocurrido en la realidad económica cotidiana, es que se retornará a un proceso de crecimiento, impulsado por inversiones en un futuro próximo, que inicialmente era el segundo semestre del año en curso, y que dada la proximidad del mismo, comienza a postergarse para 2017.

Sin embargo, cuando se analizan las políticas económicas adoptadas en los últimos meses, se vislumbra el armado de un esquema con fuertes incentivos a la inversión financiera, especulativa y de corto plazo. Por el lado del Banco Central, se han aumentado muy fuertemente las tasas de interés de referencia en pesos (a niveles de 38% anual para las letras a 30 días), mientras se dan señales de estabilidad cambiaria en el corto plazo. Esto genera un fuerte incentivo a colocaciones que tienen asegurada una rentabilidad muy alta en dólares.

Mientras tanto se han desmantelado todo tipo de controles a los movimientos de capitales, y se trabaja en facilitar los movimientos de los mismos. Por su parte, el tesoro realiza colocaciones de títulos en dólares a tasas muy atractivas en el esquema internacional (en torno al 8% anual). Además de todos estos incentivos a las inversiones financieras, en detrimento de las productivas, que no podrían competir jamas con semejantes rentabilidades, se observa que las políticas económicas implementadas debilitan fuertemente el mercado interno, en un contexto de continuo debilitamiento del mercado externo, sobre todo a partir de la profundización de la recesión en Brasil, nuestro principal socio comercial.

Dado el desfavorable contexto internacional, la economía argentina venía sosteniendo su crecimiento basado en una política de fortalecimiento del mercado interno, donde el rol redistributivo del Estado jugaba era una pieza central. El actual debilitamiento del mercado interno, por pérdida de poder adquisitivo de los salarios, junto con el escenario internacional descripto, permite vislumbrar una dinámica descendente en los principales motores del crecimiento económico. En síntesis, más allá de los incentivos actuales a la inversión financiera, nadie proyectará inversiones productivas en una economía que enfrenta mercados en caída.

EL MERCOSUR Y MACRI

ADN.-- ¿Cómo queda el Mercosur después del colapso económico y político de Brasil?

A.D´Atellis.-- El Mercosur viene atravesando situaciones muy complejas hace mucho tiempo, que nunca permitieron su pleno desarrollo y funcionamiento. Se trata de un mecanismo muy útil para la necesaria integración regional. La situación en Brasil complica mucho el devenir del Mercosur en el mediano plazo. Asimismo, el giro en términos de geopolítica internacional de la Argentina, con un nuevo gobierno que ha abandonado el camino de integración regional y el fortalecimiento de los vínculos comerciales en el eje Sur-Sur, para orientarse nuevamente hacia la inserción en tratados de libre comercio con países desarrollados, y que ha vuelto a mirar hacia el eje del Pacífico, pone en riesgo el necesario desarrollo tanto del Mercosur, como de la UNASUR, ambos clave en una estrategia de desarrollo intrarregional.

ADN.-- ¿Qué explicación te merece la conducta cautelosa del gobierno de Macri ante la conspiración destituyente en Brasil y sus efectos en el Mercosur, al lado de la actitud beligerante que tuvo con Venezuela para expulsarla del mismo bloque?

A.D´Atellis.-- La conducta del Presidente Macri frente a estos temas responde claramente a una concepción ideológica coservadora, muy crítica de los procesos acontecidos en muchos países de la región durante los últimos años, considerados desde su punto de vista como populismos a erradicar. El presidente argentino forma parte de un proceso de reversión de aquella tendencia regional progresista, hacia una política funcional a los intereses de las grandes corporaciones supranacionales. Esto explica el tratamiento diferenciado de los casos de Brasil y Venezuela en el ámbito del Mercosur.

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