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Varios peronistas esperan que Alberto sea un "contrapeso" al kirchnerismo en su gobierno

Miércoles, 06 Noviembre 2019 08:49

(adnmarcospaz // Prensa Grupo Callao).-- El nuevo gobierno peronista todavía no empezó pero ya asoma, como repetición en clave de comedia, la interna que podría escaldar el ejercicio del poder. Porque quizás una de las consecuencias más amargas de no haber obtenido el caudal de votos esperado sea que se lesione la legitimidad de la conducción:

esto lo saben los gobernadores del PJ y por eso están dispuestos a plantarse junto a Alberto Fernández para ser un “contrapeso” del kirchnerismo.  La persistencia de estos “matices” funcionaría, en los hechos, como una réplica de la interna que dividió al kirchnerismo en sus años de oro. Desde los tiempos de Néstor Kirchner –y profundizado luego en los dos mandatos de Cristina- hubo en el gobierno un ala radicalizada y un sector pejotista orgánico.

Ambos convivieron mientras la maquinaria fue exitosa, pero entraron en colisión una vez que se convirtieron en oposición. Los puntos volvieron a juntarse para ganar, pero no hay garantías de que esa grieta (la grieta dentro de la grieta) pueda cerrarse.

Lo resumen sin sutilezas ante A24.com desde una de las provincias donde ganó el peronismo. “Va a haber dos gobernadores de Cristina: Alicia Kirchner y Jorge Capitanich. Las relaciones van a ser cordiales por la comunidad de intereses que los unen. Pero la mayoría va a tener su terminal política en la presidencia; y solo estos dos van a reconocer en Cristina la jefatura política”, esgrimen.

¿Y Axel Kicillof? También. Aunque sobre la figura del gobernador electo penden varios interrogantes. ¿Hará valer sus votos, que fueron los que depositaron a Alberto en la Rosada? ¿Responderá a Cristina? ¿Estará encuadrado en La Cámpora o tendrá proyección propia? Hay un reflejo habitual en los camporistas: ser Cámpora en la oposición y pragmático en el gobierno.

Peronismo del interior contra kirchnerismo urbano

Este esquema de dos polos es, en definitiva, similar al de los mandatos de Cristina, con la coexistencia del PJ y La Cámpora; sólo que, esta vez, las dos figuras de la fórmula presidencial van a ser, a su manera, centrales. “En lo formal será ‘paz y amor’, pero el momento de las diferencias va a llegar”, se anticipan cerca de uno de los gobernadores del PJ. “Aunque por Alberto hay respeto, cariño y admiración, la referente de muchos va a seguir siendo ella”.

¿Esto implica un problema? No necesariamente. Excepto que sean Alberto y Cristina quienes tengan discrepancias a la hora de gobernar. El futuro es una incógnita: así como de novedosa fue la fórmula será la dinámica de la gestión (y la política) diarias.

De la calle al palacio

Ante las posibilidades de cortocircuitos en el frente interno, otros prefieren, sin embargo, bajar los decibeles. "La clave es que Alberto conduzca, y va a conducir. Y en ese modelo de conducción, él va a ser muy firme y va a propiciar los equilibrios de la misma forma en que los propició en el armado de la unidad", le dice a A24.com un delegado de una de las provincias del norte.

Por eso, los gobernadores del interior creen que van a tener un rol "especial": el presidente electo sabe que en ellos tendrá la "potencia territorial" que le falta. "Está claro que las afinidades personales de Alberto están más relacionadas a la pampa húmeda, pero los que le aportaron los votos fueron los del interior", apuntan en el PJ, antes de avisar: "Responder a esa demanda será su garantía de gobernabilidad".

A la vez, apuestan que el nuevo presidente va a promover la "transversalidad" porque "viene de ese modelo de acuerdos amplios con Néstor Kirchner". Otra salvedad que recorre la conversación de los peronistas de palacio es que los gobernadores, los mismos que tuvieron múltiples diferencias con el poder central, ven ahora "otra Cristina, distinta a la de 2015". Otra señal que está por verse.

Este pulso repercute, también, en la concepción de los bloques en el Congreso, donde el (neo) peronismo no tendrá mayoría en Diputados. Las definiciones son prematuras en ese recinto: la única certeza del oficialismo entrante es que Sergio Massa será el presidente del cuerpo y que está trabajando para garantizar el avance de una batería de leyes que Alberto Fernández mandaría en sesiones extraordinarias.

De todo esto podrían hablar los gobernadores en los próximos días si se concretara una reunión que está en los planes. Podría ser en el CFI, en el microcentro porteño, o en Córdoba. Incluso se habla de la presencia de Alberto Fernández. Pero nadie recibió (aún) invitación formal.

Por el momento, el peronismo aguarda, reparte, se prepara para administrar la crisis y aclara el panorama interno con una definición: "No hay lugar para disidencias. Todavía".

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