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En el aburrido "debate" Fernandez y Macri dominaron la escena y su efecto en las redes

Lunes, 21 Octubre 2019 08:30

(adnmarcospaz // Fernando Gutiérrez).-- Esta vez, con una agenda menos centrada en la economía, el presidente pudo encontrar flancos para criticar a Fernández, que se mostró menos punzante. Acaso haya sido el entusiasmo que le provocó el multitudinario acto del sábado en la avenida 9 de Julio tras su gira por el interior.

O tal vez el hecho de estar mejor "coacheado". Quizás haya sido que le tocó un temario más amable o que el sorteo lo benefició al darle la chance de hablar casi siempre después de su adversario. Lo cierto es que Mauricio Macri encaró el segundo debate presidencial con una actitud muy diferente de la que había mostrado en el primero. Agresivo, crítico, menos apegado al libreto y con mejores reflejos para improvisar respuestas. Y, sobre todo, dispuesto a atacar los flancos débiles de Alberto Fernández.

En un intercambio picante, intenso, plagado de acusaciones, el presidente terminó un poco mejor que el candidato peronista, que si bien repitió algunas fórmulas que le habían dado buen resultado en el primer debate, esta vez estuvo menos punzante y por momentos algo nervioso. Si fuera una crónica boxística, podría decirse que en una pelea en la cual ambos lanzaron gran cantidad de golpes, los de Macri llegaron más plenos y lastimaron más.

Porque, en definitiva, los grandes momentos de Alberto Fernández fueron cuando atacó a Macri por ciertos temas que sólo tienen el efecto de reforzar la convicción de los kirchneristas. Hablar de irregularidades en las autopistas o los parques eólicos, del dinero que blanqueó su hermano o de la deuda del Correo difícilmente haga que un votante macrista revea su decisión. Lo mismo respecto de la coparticipación federal de impuestos o de la forma en que se relaciona el poder ejecutivo con el judicial.

En cambio, Macri apuntó a la línea de flotación del discurso kirchnerista. Por ejemplo, recordó la inundación de La Matanza, ahí donde la oposición tiene uno de sus grandes bastiones. Recordó que en 2013 hubo decenas de muertos en la trágica inundación de La Plata que ahora, gracias a las obras de infraestructura, soportó la intensa lluvia sin inundarse.

Habló también sobre cómo la política energética kirchnerista había llevado a los apagones continuos o cómo no hubo crédito para la vivienda durante el gobierno de Cristina Kirchner. Y a ninguno de estos argumentos Fernández respondió de manera directa.

Así como en el primer debate Macri sabía que sería el blanco de todas las críticas, porque un bloque estaba destinado al tema de la inflación, ahora Alberto sabía que le tocaría a él aguantar los embates, a la hora de hablar de la corrupción.

Fue munido para ello de argumentos de contraataque, al mencionar las causas que le esperan a Macri si es derrotado y deja su cargo. Pero lo cierto es que en ningún momento negó la existencia de corrupción durante la administración kirchnerista.

Apenas esbozó un intento de defensa personal al recordar que cuando tuvo diferencias se fue del gobierno en 2008. Un argumento que sonó a admisión tácita de que las acusaciones son fundamentadas.

Pero aun así, no logró escapar del todo a las acusaciones que lo incluían en el lote con Julio De Vido, José López, Lázaro Báez y compañía. Le jugó como un efecto boomerang su frase de esta semana en la que decía que Cristina Kirchner y él eran lo mismo –una frase que le cayó como una bendición a Macri, dispuesto a explotar a fondo el factor CFK-. Y también Fernández pareció acusar el golpe que no le propinó Macri sino José Luis Espert, quien le preguntó de manera directa: "Usted, que era jefe de gabinete, ¿no vio nada?".

Es una pregunta muy incómoda para un candidato, porque si responde que, efectivamente, no vio nada, se expone a que lo critiquen por haber sido ineficaz en su tarea de supervisión y contralor como jefe de los ministros. Si responde que sí vio, naturalmente, se autoincrimina, más allá de que pueda esgrimir sus diferencias políticas con el final del gobierno kirchnerista.

Es por eso que, arrinconado, cuando se puso sobre la mesa la discusión sobre corrupción, Alberto se concentró en su defensa personal, al recordar que él no tiene citaciones de la Justicia. Otro argumento débil, porque lo lleva precisamente al terreno donde Macri juega cómodo: si la principal virtud de Fernández es no tener causas judiciales, entonces por contraste admite que la situación de Cristina, con sus múltiples procesamientos, sí es criticable.

En definitiva, fue un tema en el cual Alberto no pudo ocultar su incomodidad, que dejó entrever en frases como "no me dé lecciones de decencia". Del otro lado, Macri sólo pareció alterado cuando mencionó el "mal gusto" de que Fernández hubiese aludido a su fallecido padre Franco. Pero, más allá del enojo, la situación no pareció sacarlo de su eje.

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