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Macri se inclinó ante una de las sombras del peronismo conservador

Miércoles, 12 Junio 2019 06:31

(adnmarcospaz).-- Con la elección de Miguel Ángel Pichetto como vicepresidente, Mauricio Macri aceptó tácitamente la vigencia de una de las máximas de la política argentina: no se puede gobernar sin el peronismo. Es más, hasta parece haberle dado a ese dogma un nuevo alcance: no se puede ganar elecciones sin contar con una "pata" peronista.

El acuerdo provocó una lógica conmoción política nacional: a fin de cuentas, hasta hace pocas semanas, Pichetto se autopostulaba como vice de Roberto Lavagna. Sin embargo, la fórmula implica una alianza que no es totalmente novedosa: hay cierta reminiscencia del menemismo noventista, cuando una agenda de profundas reformas estructurales se basó en un peronismo que acordó con sectores liberales y con el establishment empresarial.

De manera que lo que hizo Macri fue un intento de mostrar dos capacidades de las que hasta ahora el país –y el mercado financiero- dudaban que mantuviera. Primero, que pudiera ganar, y segundo, que pudiera llevar adelante una imprescindible agenda reformista sin que ello le implicara perder el control político del país.

Lo que Macri buscó fue, además, una jugada que estuviera a la altura del cambio de escenario que Cristina Kirchner había provocado al dar un paso al costado y cederle el liderazgo a Alberto Fernández. El efecto inmediato de aquella movida había sido el adelantamiento del escenario de polarización que se preveía en una segunda vuelta electoral de noviembre. En otras palabras, Cristina sabía que necesitaba romper su "techo" porque de otra manera arriesgaba perder en un balotaje.

Y la evidencia de que el kirchnerismo estaba logrando su objetivo fue la implosión de Alternativa Federal. En consecuencia, Macri entendió que él tampoco podía esperar a noviembre para ir a buscar los votos de los peronistas que no quieren a Cristina. Si esperaba, corría el riesgo de perder en la primera vuelta.

Para ponerlo en palabras del propio Pichetto, lo que hizo Macri fue "una ampliación de su base de sustento político". En definitiva, el escenario que quedó instalado para las PASO de agosto es el que originalmente se había previsto para noviembre: una polarización en la que los jugadores del "centro" se ven obligados a optar hoy mismo por uno de los dos bloques mayoritarios, sin mucha chance para marcar un espacio propio.
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