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Investigación de una Universidad argentina sobre "La otra cara del Bullying"

Jueves, 07 Diciembre 2017 13:25

(adnmarcospaz//Universidad Nacional del Sur).-- Los padres de los niños y niñas que ejercen o sufren intimidación en el ámbito escolar suelen desconocer la existencia de este fenómeno, que ocurre habitualmente alejado de la vista de los adultos, y donde los roles de intimidadores o intimidados son dinámicos. La comunicación con los hijos es clave para intervenir.

Un estudio de la Universidad Nacional del Sur, realizado por cinco años en establecimientos públicos y privados de educación primaria, demostró que ocho de cada diez padres de alumnos que refirieron ejercer algún tipo de maltrato a sus compañeros y señalaron que sus hijos “nunca tendrían ese tipo de conducta”. También, que suelen ocurrir en espacios fuera de la vista de adultos, y que los roles de quienes ejercen o reciben la intimidación no son fijos, sino dinámicos.

Además, el 90% de los progenitores mencionó que sus hijos les comunicarían si recibieran agresiones; sin embargo, tres de cada diez niños dijeron que no hablarían con sus padres en estas circunstancias.

El trabajo fue realizado en el marco de un proyecto de los Departamentos de Ciencias de la Salud y Economía. Duró cinco años, y tuvo como foco siete colegios públicos y privados de nivel primario de Bahía Blanca, Pcia. de Buenos Aires. En general, los resultados indican que existe desconocimiento de la situación por parte de los adultos, tanto en los hogares de los niños que ejercen maltrato como de aquellos que lo reciben. El 63% de los niños mencionó que, en caso de hostigamiento, lo hablaría con otras personas que no son sus docentes o no lo contaría a nadie.

Justamente, “el sostenimiento de este tipo de conducta es posible por el silencio de quienes participan y también de quienes observan estas situaciones”, afirma María Eugenia Esandi, docente de los Departamentos mencionados y directora del proyecto de investigación “Intimidación entre pares y su impacto en la calidad de vida relacionada a la salud”.
“Se genera un círculo negativo en el cual los adultos, que son quienes deben intervenir, no se involucran porque ignoran la magnitud real del problema”, agregó María Paula Repetto, también docente e integrante del equipo. “Los niños solos no pueden salir de este tipo de relaciones, por eso es importante no asignarles la responsabilidad, sino traer a la discusión la importancia de la intervención del adulto”, sumó Esandi.

A su vez, los resultados del estudio mostraron que, de los 648 niños entre 8 y 12 años de edad consultados, un 18% refirió participar en situaciones de intimidación en las dos encuestas realizadas durante el año 2016. Las situaciones de intimidación ocurren con mayor frecuencia durante los recreos, en ocasiones, incluso con la presencia de los docentes.

“Que suceda en presencia de un adulto y que éste no intervenga puede ser porque no advierte estas situaciones o bien, porque las ve pero no actúa al naturalizar ciertas conductas agresivas. Las barreras inter-generacionales también aumentan las brechas comunicacionales con los niños y, en ocasiones, los docentes no podemos identificar lo que realmente los afecta.”
“Por lo tanto es sumamente importante, tanto en la escuela como en el hogar, fomentar espacios de diálogo para que los niños y niñas nos cuenten desde su perspectiva aquello que les molesta, lo que hacen en la escuela y cómo se sienten”, afirmó.

En general, los afectados suelen reportar a los adultos las agresiones físicas y no otras formas de maltrato más frecuentes como los insultos o la exclusión. “Habilitar espacios de diálogo en casa y en la escuela ayuda a que no sufran intimidación en silencio por largos períodos de tiempo”, agregó.

Sin embargo, a lo largo de la investigación también se observó que la intimidación es un fenómeno dinámico, en el que los pequeños cambian de roles, ejerciendo o recibiendo maltrato, lo cual debería asociarse más a cambios en las conductas de los niño que a rasgos definidos de la personalidad. Las formas de comportamiento se aprenden; con la ayuda de un adulto los niños pueden dejar de participar en situaciones agresivas hacia otros compañeros.

“Estos porcentajes reflejan que los `roles’ son dinámicos. Incluso, hay chicos que en ciertas ocasiones son intimidados y en otras son ellos mismos quienes ejercen violencia con otros compañeros. Este grupo mencionó tener peores percepciones de su salud, como sentimientos de tristeza y negatividad, o bien, no sentirse aceptados por sus pares”.

“Otro aspecto a tener en cuenta es que el 52% refirió no participar en situaciones de intimidación; sin embargo, esto no significa que no tienen ningún tipo de participación. Ellos pueden actuar como observadores y al no reprobar este tipo de maltrato afianzan a quienes lo ejercen, fomentando su sostenimiento en el tiempo. Es importante el accionar del adulto para enseñar relaciones de solidaridad y rechazo a todo tipo de violencia y discriminación”, recalcan.

“Consideramos importante no hablar de victimas y responsables. No hay niños responsables de la intimidación ya que las causas para que se den este tipo de conductas son varias. Preferimos, al transmitir un mensaje, que rompa con esta mirada que responsabiliza a los niños, sobre todo ‘los niños problema’. En estos datos hay una figura fundamental para terminar con las situaciones de intimidación que es el adulto”, concluyen.

La investigación
Desde el año 2012 al 2016 se realizó un estudio longitudinal en 7 escuelas de Bahía Blanca; 5 de gestión estatal y 2 privadas, con el objetivo de comprender el fenómeno de la intimidación entre niños y niñas, su impacto en la calidad de vida relacionada a la salud y la efectividad de distintos modelos de abordaje de esta problemática. El objetivo de este año, desde un proyecto de Extensión Universitaria, es sensibilizar a la comunidad educativa y diseminar los aprendizajes obtenidos a todas las escuelas de la ciudad.

El grupo de investigación es coordinado por Esandi, y está integrado por estudiantes y profesores de dichos departamentos y otros profesionales de la Educación, Ciencias de la Comunicación, Psicología y Trabajo Social.

¿Qué es la intimidación entre pares?
Es una de las formas en que puede manifestarse la violencia entre niños y niñas. El maltrato se da cuando algún chico o chica insulta a otro, se burla poniendo apodos, agrede físicamente, ignora o dice mentiras sobre un compañero o compañera. Se denomina intimidación cuando estas acciones se repiten en el tiempo con intención de producir daño a alumnos más débiles. Sus formas más frecuentes según los entrevistados son poner apodos ofensivos, hacer daño físico o hablar mal de alguien.

Cifras año 2016:
- El 18% de los niños/as encuestados refirió participar de estas situaciones de manera estable (durante las dos encuestas realizadas a principio y finalizar el año 2016).
- El 30% participó de manera variable, mencionaron hacerlo sólo en uno de los momentos en que se los encuestó.
- El 52% refirió no participar en situaciones de intimidación en las dos oportunidades en que fueron encuestados.

En relación a los lugares:
- El 76% menciona que ocurre en el patio en ausencia del docente; el 19% indicó que sucede en ese mismo espacio en presencia de la maestra y el 29% en clase cuando está la docente (los niños podían seleccionar más de una opción).
- El 50% señaló que las docentes suelen intervenir, el 48% que sus auxiliares o compañeros y el 26% que no interviene nadie (los niños podían seleccionar más de una respuesta).

Repercusiones en la salud
El involucramiento de los niños, niñas y adolescentes en dichas situaciones impacta negativamente en su vida, afectando su desarrollo, su rendimiento académico, su salud física, mental y emocional, según se destaca. Refieren tener sentimientos de tristeza, negatividad y no se sienten aceptados por el resto. Según los investigadores, participar de situaciones de intimidación afecta la salud de los que son agredidos y también la de los estudiantes que ejercen los malos tratos.

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