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REPORTAJES adn.info: MARTÍN AYERBE. ¿Qué hay "debajo" del submarino desaparecido?

Miércoles, 06 Diciembre 2017 15:45

(ADNMARCOSPAZ).-- Nos cuesta creer que los primeros en acudir en ayuda del submarino hundido hayan sido los gobiernos fueron, casualmente, los tres enemigos de la Argentina durante la guerra de Malvinas de 1982: Inglaterra, Estados Unidos y Chile. Estos tres, se entienden entre sí en el Atlántico y el Pacífico Sur, a expensas de la Argentina y desde tiempos remotos.

Resultado de imagen para MARTIN AYERBEMartín es candidato Presidencial por la agrupación SOCIAL 21, La Tendencia, conformada en La Plata, animada por el dirigente, ingenieno e intelectual peronista Angel Cadelli, es Director General de Astilleros Río Santiago.                                           De toda la jeringoza de acuerdos que han intentado, la última (sino la penúltima o antepenúltima) es la “tesis de las tres banderas” según la cual Reino Unido y Argentina serían los beligerantes que aceptarían compartir Malvinas, y Estados Unidos el garante de la paz, que también pondría su bandera en las islas, como en su patio trasero. Canallada con la que Macri y sus liberales acuerdan, vía Bullrich, casada con un servicio norteamericano, y Malcorra, casada con otro de Inglaterra. Está en la prensa.

Toda la asistencia internacional convocada por la OTAN con motivo del naufragio del San Juan también está de acuerdo con esta tesis, tan livianamente como lo puede estar Paraguay por un diferendo territorial entre Japón y Rusia por la Península de Kamchatka. Prueba de ello pareciera ser el éxodo emprendido por la flota internacional cuando la noticia dejó de garparen los medios, empezó a saturar audiencias, a parientes de los 44 y amenazara con dejar a todos de nariz frente al fracaso, como efectivamente pasó… y el presidente Macri se declarara insolvente ante la desinteresada ayuda, que pretendía facturarle su solidaridad SAR (Safe And Rescue) en el Espacio Marítimo Argentino donde se hundió el San Juan, de la cual Argentina es responsable, y hasta medio camino entre América y África.

Con una disciplina comunicacional idéntica a la del terrorismo de estado, el ministerio de defensa civil le cedió el control a la marina, que sabía desde el primer día lo que había pasado y lo ocultó. Pero… el mundo está lleno de espías y de periodistas afanados por una primicia.
Entonces, la red de escucha submarina internacional, creada para la detección del tránsito de submarinos en el mundo con la excusa de ensayos nucleares vetados, filtra una “anomalía acústica”, con precisión milimétrica, donde desapareció el San Juan. Acorralada, la marina confirma. Luego de esto, la filtración local de comunicaciones internas de la propia armada, comprueba que ingresó agua por el snorkel, que hubo un cortocircuito, que hubo un principio de incendio, que parte de las baterías dejaron de funcionar… y que, a pesar de todo esto, el San Juan siguió navegando en inmersión y sin pedir ayuda… más que rara decisión del capitán, habida cuenta de situaciones parecidas ya sufridas por el Santa Cruz, gemelo del San Juan.

Nuevamente acorralada, la marina vuelve a confirmar. Y siguen las firmas… exactamente como en el proceso de terrorismo de estado, en el cual 30.000 veces ocultaron. Hasta que aparecían los cadáveres, los testimonios, las pruebas, los arrepentidos… y debían confirmar.

Compensando el juego geopolítico de la OTAN, aparecen los rusos, con sumergibles unas 10 veces más resistentes que los norteamericanos, capaces de llegar a 6.000m de profundidad contra los 600m de los otros. Naves que aún no se han ido y persisten en la búsqueda, aunque ya se descartó hace días la posibilidad de sobrevivientes, que la armada sabía inexistentes desde el primer día. Presencia persistente que, como todas las demás, junta información a la luz del sol y con el beneplácito local, mientras que sin la catástrofe sería sospechosa y vigilada agresivamente. Menos mediáticos que sus pares yankees, dejan caer una noticia: la supuestamente última tecnología jamás realizó un rescate real y, de haber sucedido, habría sido su estelar debut.

Data que fue levantada por más de un canal para escarnio de los comunicadores políticamente correctos, más amigos de la gendarmería que de los mapuches, y de la armada que de la verdad. El hartazgo se palpa cada vez más de la mano de los parientes de los 44, que van un paso delante de la opinión pública. Y el desgaste en la comunicación se nota en la actitud crispada del vocero oficial, súbitamente envejecido.

No faltarán oportunistas que quieran hacer de la catástrofe del San Juan y sus 44 tripulantes un argumento válido para el reclamo presupuestario, tendiendo una cortina de humo sobre las responsabilidades militares del caso... Sería una trivial simplificación de la cuestión política, que responde a más de una causa, implicando por igual a civiles y militares. La responsabilidad operativa es militar, no civil. La sub ejecución del presupuesto es compartida entre las autoridades militares y políticas liberales.

El otorgamiento de partidas liberadas de control, tipo cajita feliz, es culpa de los militares y políticos keynesianos. La ausencia de una política militar de defensa es una responsabilidad de ministros y gobiernos liberal-keynesianos, no militar.Y no dejarse manipular por los medios de comunicación y la geopolítica imperial, una carga pública del Pueblo argentino en defensa de la Patria… tarea popular pendiente, entre varias otras.
La catástrofe del submarino San Juan pone sobre el tapete muchísimo más que la discusión presupuestaria, el supuesto profesionalismo militar y la solidaridad internacional de enemigos geopolíticos usurpadores de Malvinas.

Porque la cajita feliz keynesiana y el ajuste sin fin liberal son políticas de gobernabilidad destructivas de nuestras fuerzas armadas. Políticas con las que colaboran sobre todo sus altos mandos, todos ellos de origen oligárquico y afanosamente beneficiados por filtros de clase, que impiden a la oficialidad “sin apellido” pasar de capitán, o mayor, cuando mucho. Apelar a la auto destrucción confiando en la corrupción interna o aprobarles un presupuesto que luego será obstruído con miles de argucias administrativas para impedir su total ejecución, ocultan el vacío existencial que las hace posibles.
Un soldado sin misión no es un soldado. Igual darían un pájaro que un travesti. Sin misión, no hay ser.

La misión es la condición necesaria que constituye al militar. Si está bien diseñada, si sirve al sagrado interés de la Patria y el Pueblo argentinos, también se vuelve suficiente. Recién después, del mayor o menor cumplimiento de su misión, viene la calificación profesional de la tropa y sus mandos. La baba liberal-keynesiana los negó, nunca les dio una misión, no tiene tarea para las fuerzas armadas. Y el imperio ya no confía en ni necesita de ellas.

Después del terrorismo de estado, fuerza aérea, armada y ejército se volvieron enemigos del Pueblo. Y luego de Malvinas ’82, perdieron la confianza de la embajada. Porque Malvinas es una causa popular, latinoamericana y antiimperialista, por más que hayan intentado apropiársela los terroristas de estado. Y desde entonces, desde la atroz, vergonzosarendición de Puerto Argentino, las fuerzas armadas quedaron en la tierra de nadie, repudiadas desde ambas trincheras. Así, aviadores, marinos e infantes, son patrullas perdidas que a nadie interesan, que nadie reclama para sí.

Por eso SOCIAL 21, La Tendencia juzga llegada la hora de dar vuelta la página, el momento de la creación de la Guardia Nacional San Martiniana. Moderna, renovada, con el mando unificado que corresponde a todo sistema de armas y con un sentido patriótico que las otras tres perdieron para siempre, aunque traten de distraer y distraerse.
Ocultar una verdad es darle fuerza hasta que se vuelve insoportable.

Terrorismo de estado y Malvinas tienen flotabilidad positiva. Aunque pretendan taparlos con toneladas de mentiras, una y otra vez surgen a la superficie de la historia. Nadie se imagina a San Martín frenando el armado del Ejército de los Andes porque en el puerto de Buenos Aires hay carpetazos en su contra acusándolo de hacer caja con la gobernación de Cuyo. Tampoco a Rosas suspendiendo la Vuelta de Obligado porque la correlación de fuerzas contra Inglaterra y Francia no lo favorecía. Menos a Yrigoyen paralizando el nacimiento de YPF porque poderes fácticos de petroleras inglesas y norteamericanas estaban en contra. O a Perón tratando de convertir la Patria en un supermercado porque el embajador Braden se lo ordenó... Eran otros los tiempos, sí, pero era otra la madera…¡Vayamos por todo!.

Regresado el liberalismo en continuidad Menem-De la Rúa-Macri, el accidente del submarino San Juan encuentra a la armada en plan de ajuste liberal, con sub ejecución presupuestaria del 51% al momento del naufragio y una proyección no más allá del 57%al terminar el año. Extraña circunstancia en la que los milicos no recusan la falta de presupuesto, tal vez por afinidad ideológica, ni agradecen la bonanza pasada con el zurdaje, tiempo pasado y mejor, salvo por la reivindicación de los derechos humanos, claro. Pero, desde el punto de vista de la liberación nacional, son igualmente catastróficos liberales que keynesianos, por mucho que su gobernabilidad les funcione, ya que la misma es funcional a la geopolítica imperial contra la que la liberación confronta. Geopolítica que desactiva las fuerzas armadas al servicio de su Pueblo y de su Patria, y activa las fuerzas armadas proclives al terrorismo de estado ya conocido.

UN POCO DE HISTORIA.  Resultado de imagen para MARTIN AYERBE En la localidad de Almirante Brown, antes del accidente y en Cátedra Bárbara Libre, premonitoriamente, una compañera K preguntó sobre la política de defensa del proyecto de liberación de SOCIAL 21, La Tendencia. Obvio, se le contestó con Guardia Nacional San Martiniana, que es lo que corresponde. Pero como, a pesar de ser K, parecía desconocer la política aplicada al respecto por la gobernabilidad keyesiana, hubo que explayarse un poco más sobre el pasado reciente. Y, ya que estamos en época, también sobre la política liberal vigente, con parecido resultado.

En una atmósfera de rechazo planteada al aire por Mirta Legrand a la pareja presidencial en persona bajo el lema “se viene el zurdaje”, el compañero Néstor, presidente, la compañera CFK, primera dama, y los televidentes, se dieron cuenta tempranamente y en simultáneo de lo que la derecha mediática comunicaría, sistemáticamente, desde ahí en más. Pero la vieja gloria de la tele hace rato que no sorprende a nadie. Lo suyo es una ratificación conservadora que sus comensales habían resuelto anticipadamente, antes de sentarse a su mesa y con una imaginación que la anfitriona jamás tendrá ni fué nunca capaz de comprender, porque es una vieja supuestamente fina y comprobadamente bruta.

Ejército, armada, fuerza aérea, corte suprema de justicia y algunos otros por el estilo fueron resueltos por la gobernabilidad keynesiana apelando a la naturaleza corrupta y decadente de sus integrantes. Razonando que, de tener oportunidad, la administración sucia de su propia caja les quitaría las ganas de encarajinar la política, dándoles una actividad tan inconfesable como satisfactoria, fuerzas armadas, corte y algunos otros recibieron un presupuesto que no sería auditado, ni revisado, ni denunciado o molestado de forma alguna, a condición de no romper las pelotas al que debe gobernar y les da esa cajita feliz sobre la que no rendirán cuentas más que a sus pares de clase, milicos, cortesanos y algunos otros. Aunque espúreo, desde el punto de vista de la gobernabilidad, el método fue relativamente eficaz.

Consagrados a sí mismos, los destinatarios de las cajitas felices, primero tímidamente, después con pasión y desenfreno, se fueron comiendo el presupuesto que la gobernabilidad les asignó año tras año, sin ser molestados y sin protesto alguno de su parte. Como estaba previsto por la razón gobernante, se corrompieron auto destruyéndose con la transferencia de recursos de mantenimiento, operaciones y equipamiento a los destinos más sociales de viáticos, sueldo y gastos de representación.

Ese fue el contexto general en la década ganada, más allá de algunas travesuras, como la fallida entrega de la Fragata Libertad en el puerto de Ghana, el auto robo de 39 toneladas de armamentos que luego se vieron en manos de narcos de favelas brasileñas o la casi tonelada de cocaína bajo el forro de un jet privado, llevada a España por insignes apellidos de la familia aeronáutica después de armar todo en el aeropuerto militar de Morón. Hay más, pero no vale la pena revolver mierda que ya salió en los diarios, aunque nadie quiera recordarla.

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