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La mujer que retorna

Sábado, 05 Agosto 2017 13:57
(adnmarcospaz).-- Todo indica que la expresidenta saldrá en uno de los dos primeros lugares de la elección bonaerense, lo que le garantizaría ocupar una banca en la futura Cámara alta. Los efectos que su llegada generaría en el bloque PJ-FpV en particular, y en el Congreso en general.
Lo admita o no, está claro que el Gobierno hizo todo lo posible por meter a Cristina Fernández de Kirchner en estas elecciones legislativas. La razón es obvia: confrontar con el pasado que representa la expresidenta, en el marco de la grieta profunda que aún subsiste, es garantía de una polarización que el macrismo considera favorable electoralmente.

Eso en primer lugar; después hay un “servicio” adicional que le reportará la presencia de Cristina Kirchner compitiendo, que es la de postergar una renovación interna del peronismo, y es más: agravar las diferencias dentro del PJ y de paso la posibilidad ya concretada de que esa división se transformara en más de una lista peronista en la provincia de Buenos Aires, además de la de Sergio Massa. Era el ideal de Cambiemos, que confiaban algunos dirigentes oficialistas en la intimidad y que finalmente se concretó.

No son pocos los que en lugar de ver compitiendo electoralmente a la expresidenta la preferirían presa, o al menos camino a juicio en alguna de las causas que la tienen imputada, pero los tiempos de la justicia en la Argentina son demasiado lentos para con los políticos. Y por más que el Ejecutivo haga alarde de la independencia de poderes, está dicho que, en función de su conveniencia, por lo menos no hizo nada por acelerar esos procesos.

Convengamos también que más allá de las necesidades electorales que llevaran al Gobierno a desear contar con una Cristina candidata, siempre existió el temor por la convulsión social que pudiera generar una eventual detención de la exmandataria.

La cuestión es que Cristina Fernández está en carrera y es competitiva, según las encuestas, fundamentalmente en el territorio bonaerense, que es donde terminó jugando. No así en Santa Cruz, la otra alternativa que le permitía un domicilio que nunca cambió, aun cuando en 2005 compitió en representación de la provincia de Buenos Aires. De hecho, en las próximas elecciones no se votará a sí misma, pues lo hará en una escuela santacruceña. Pensará que es más necesario sumar su voto para respaldar a su cuñada.

Da la coincidencia que Santa Cruz y Buenos Aires eligen senadores, por lo que bien podía CFK elegir donde competir, pero terminó inclinándose la balanza hacia el principal distrito del país por la vigencia de su figura en el conurbano bonaerense y ante la situación volcánica que vive su provincia adoptiva. No hay punto de comparación: en el principal distrito del país su nivel de influencia es superior y el efecto de un eventual triunfo garantizará su proyección hacia 2019. Esa es la idea.

Porque a diferencia de lo que podía pensarse hace algunos meses, la posibilidad de que la expresidenta pueda alzarse con una victoria no debe ser desechada. Ora por la recuperación económica que no habrá llegado a la hora de ir a las urnas, ora por un bienestar pasado que añoran esas masas en las que CFK se hace fuerte.

Cuando todavía estaba en duda si sería candidata, se especulaba incluso con la posibilidad de que en lugar del Senado, eligiera Diputados, una Cámara donde bien podría liderar un numeroso bloque de legisladores, con la opción de ampliarlo, conforme pudieran crecer sus posibilidades hacia el futuro. Pero no optó por Diputados, donde ya estuvo entre 1997 y 2001 y -a diferencia del Senado- pasó casi desapercibida: allí era una más entre 257. No es lo que le sucedería esta vez si hubiera llegado allí como expresidenta de la Nación, claro, pero debió tener en cuenta también que la Cámara baja es el ámbito donde mejor se las puede arreglar el oficialismo para neutralizarla y hacer avanzar sus propuestas, y donde más posibilidades tiene Cambiemos de crecer, aunque no de llegar a ser mayoría.

Además, y aunque desde el cristinismo se minimice el tema, hay que recordar la cuestión de los fueros -tan en boga por estos días- y en ese sentido tener en cuenta que los mandatos de los senadores tienen dos años más que los de los diputados. Ya volveremos sobre el tema.

La Cámara alta será entonces el destino de Cristina si sale primera o segunda en la provincia de Buenos Aires. Es el lugar que mejor conoce y donde más a gusto se ha sentido en su vida legislativa, por haber pasado allí ocho años. Es además donde más le cuesta hacer pie al oficialismo, por una cuestión numérica que no va a corregirse en las próximas elecciones, por mejor que le vaya. Y para aprobar las leyes, el Gobierno se valió del favor de los gobernadores y la negociación con Miguel Angel Pichetto, el jefe de la mayoritaria bancada del PJ-FpV, convertido en el representante institucional justicialista más encumbrado. Así las cosas, es en el Senado donde es más seguro que Cristina se convierta en una piedra en el zapato del Gobierno.

La sola presencia de Cristina Kirchner en ese cuerpo alcanzaría para romperle el bloque al rionegrino. Esa bancada tiene 38 integrantes y un kirchnerismo duro que hoy suma por lo menos una docena de senadores -Ana Almirón, Anabel Fernández Sagasti, Marcelo Fuentes, Virginia García, Silvina García Larraburu, Ruperto Godoy, Nancy González, María Ester Labado, Juan Mario País, Daniel Pérsico, María Inés Pilatti Vergara y María de los Angeles Sacnun-, de los cuales cuatro concluyen sus mandatos el 10 de diciembre -Virginia García, Godoy, Labado y Pérsico-. De las provincias que renuevan senadores, por lo menos vendrá uno o una ultra K (Santa Cruz), y con Cristina sumarían una decena. Once, si en Santa Cruz gana el kirchnerismo, y doce si Cristina se impone en Buenos Aires, más el aura victoriosa que eso conllevaría. En ese caso, el peso específico de Pichetto se vería afectado, pues es muy probable además que su bloque resulte disminuido según sean los resultados de octubre, más la decena que se llevaría la expresidenta.

No es lo que piensa el senador Mario Pais, que imagina “una convivencia” de Cristina “con todos los legisladores, y más con los legisladores del PJ-Frente para la Victoria”. Componedor, pero kirchnerista al fin, el chubutense resalta de Cristina su “experiencia” y que “ha sido una excelente legisladora, tanto diputada como senadora de la Nación”.

En diálogo con Parlamentario, Pais dejó picando una alternativa que hasta ahora nadie sugiere, al expresar que “ojalá que asuma, si es elegida por el pueblo, y que haga los aportes que sabemos todos que puede hacer”. ¿Acaso podría no ocupar su banca y apuntar directamente a las presidenciales de 2019, tras un eventual buen resultado en octubre? Ser testimonial podría ser una posibilidad, en cuyo caso tomaría su lugar la primer suplente, Juliana Di Tullio, a quien dicen que la expresidenta dio garantías de que será senadora, aunque se interpreta que hablaba de la posibilidad de ganar ella en 2019 y saltar de su banca a la Rosada, como hizo en 2007. Todos los políticos creen en las cábalas.

Hablamos entonces de un kirchnerismo duro en el Senado que podría sumar entre diez y doce miembros. Una cantidad que podría no ser suficiente como para obturar el avance de las leyes de Cambiemos, como ambiciona el kirchnerismo duro, siempre y cuando la influencia de la expresidenta no se extendiera en el seno del Cuerpo. En primer lugar, la clave está en si llega o no al Senado Jorge Taiana. No por la importancia del actual parlamentario del Mercosur, ni porque aumente el número del bloque cristinista, sino porque implicaría que Cristina ha ganado en la provincia de Buenos Aires.

Dicho de otra manera, es obvio que no sería lo mismo una Cristina ganadora en la provincia de Buenos Aires, que llegando segunda, así fuera por un voto, en cuyo caso sería apenas una senadora más; en el otro, preanunciaría su candidatura presidencial para dentro de dos años, pues está claro que si ha hecho el “sacrificio” de postularse para un cargo “menor” ahora, volvería a intentar el premio mayor en 2019. Ganadora bonaerense, su influencia en el resto del peronismo sería creciente, y es una posibilidad que no solo preocupa al Gobierno, sino hacia adentro del peronismo en general.

De eso hablaron Miguel Pichetto y algunos gobernadores los últimos días, cuando analizaron las diferentes alternativas que plantea el retorno de la expresidenta a la arena electoral. Es que los mandatarios provinciales piensan en reavivar una liga de los gobernadores que se haga cargo de la renovación del PJ que no pudieron poner en marcha inmediatamente del traspié de 2015. Para ello esperan al día después del 22 de octubre, pero esa renovación partidaria no será posible si tempranamente Cristina aparece como candidata para 2019.

¿Tendrá otro Randazzo que la desafíe en las presidenciales?

Es lo que hablábamos más arriba. No sería lo mismo un desembarco legislativo de una Cristina vencedora en la provincia de Buenos Aires, que siendo senadora “por la minoría”. Que le pregunten sino a Chiche Duhalde, derrotada en “la madre de todas las batallas” de 2005, precisamente a manos de CFK. Su llegada al Senado como representante de la minoría fue la confirmación del ocaso político de su esposo Eduardo Duhalde, cuyo poder en la provincia de Buenos Aires se diluyó a partir de ese resultado electoral.

Bien puede estar pensando Cambiemos en que 2017 sea para el kirchnerismo lo que 2005 fue para el duhaldismo. Para eso necesita vencer a Cristina. En ese caso, la llegada de la expresidenta al Senado generaría un efecto menor, aunque siempre una decena de legisladores se alinearía con ella.

Para el consultor Ricardo Rouvier, el desembarco de Cristina Kirchner en el Senado “remite al origen de tal oportunidad, y eso significa que ganó o entró segunda en la elección de octubre. Si eso ocurre, es porque ha hecho una buena elección y esto significaría, en primer lugar, un refuerzo a su afán restauracionista”.

Rouvier considera que “el Senado es un epicentro menos amigable para la expresidenta que la Cámara de Diputados, pero es un puente necesario para reconstruir un poder perdido desde que dejó el Gobierno. Ese puente del Congreso la lleva a los gobernadores peronistas que constituyen otra fracción del panperonismo y que no se sienten hoy cercanos a la jefa del kirchnerismo”.

Volvemos a las prevenciones que anidan en los gobernadores peronistas, que interpretan que su presencia como figura central del peronismo -por más que ella prescinda del mismo electoralmente- los aleja de volver al poder eventualmente en 2019. “No gana un balotaje”, reconocen en privado, aunque para entonces todavía falte un siglo.

El diputado radical Luis Petri piensa que Cristina senadora “puede llegar a incidir en el núcleo duro del kirchnerismo, que en el Senado en este caso son alrededor de 12 senadores. Pero no va a modificar sustancialmente lo que viene ocurriendo en el Congreso, no va a tener la capacidad de gravitar y modificar las mayorías que existen”. En diálogo con Parlamentario, el mendocino sostuvo que el poder de la expresidenta “se reduce a ese séquito de legisladores kirchneristas que se encuentran en el Senado; el resto creo que con críticas, con reparos, ha colaborado y acompañado en muchas iniciativas”.

Desde el massismo minimizan la influencia que pueda llegar a tener CFK en la Cámara alta. Consultado por Parlamentario, el diputado Alejandro Grandinetti cuida en principio las formas y aclara que para él “va a ganar (Sergio) Massa”. Pero “en el hipotético caso de que Cristina asuma (en el Senado), es una dirigente más, no creo que vaya a cambiar mucho. Veremos cómo se comporta”. Desde ese mismo sector, pero en el Senado, Alfredo Luenzo (Chubut Somos Todos) coincide en señalar que para él Cristina “es una dirigente más”, y considera que “el vínculo se constituirá a partir de la relación que ella establezca. El trato será igual que con el resto de los senadores, uno siempre trata de establecer un diálogo, hacer aportes constructivos, tener una relación madura desde lo institucional”. E insiste: “El vínculo estará determinado por la actitud que ella asuma con sus pares”.

La presidenta del bloque Pro, la cordobesa Laura Rodríguez Machado, se pregunta si una Cristina senadora hará “lo que hacemos la gente común y corriente, que es caminar por la calle, estar en las comisiones, dar la cara, bajar al territorio, como le decimos en política”. La legisladora oficialista agregó a Parlamentario que “así como nosotros, desde nuestro gobierno, tenemos contacto con gente que puede no coincidir y la escuchamos, creo que ella si hace lo que corresponde a un senador nacional, sería muy positivo para que en una de esas entienda lo que pasó durante su gobierno”.

“Nosotros hablamos con todo el mundo y hemos hecho del diálogo y el unir a los argentinos un lema, así que nosotros esa actitud la vamos a tener -aclaró-. Del lado de ella, no sé para con nosotros, pero ojalá sea con la gente también”.

Para imaginar qué actitud tendrá en el Congreso vale recordar sus tiempos como primera dama. Siguió conduciendo la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales -no participó del trabajo en otras- y se abocó estrictamente a los temas que le interesaban a su Gobierno, como la reforma del Consejo de la Magistratura, o proyectos como la reducción del número de integrantes de la Corte Suprema. No asistía a las reuniones de bloque, pero sí al recinto, donde tenía libertad para hablar el tiempo que quisiera. Pero era oficialismo.

La convivencia con Pichetto sería azarosa. Nunca se llevaron demasiado bien, aunque la relación entre ambos fue bien productiva. En los audios que se revelaron de sus conversaciones con Oscar Parrilli, se pudo verificar lo que Cristina piensa de quien fue su presidente de bloque, al que calificaba allí de “traidor hijo de puta”.

¿Y si, como sugiere País, en lugar de romper el bloque se quedara adentro, tratando de ejercer el dominio del mismo? Debería ser con otra conducción, como sugirió el propio Pichetto en la sesión del Senado en la que se generó una discrepancia en torno a lo que él había acordado con el oficialismo sobre la tarjeta Argenta. “Le pido a mi bloque que acompañe lo que acordamos, porque si no levantemos todo y vayamos a casa”, se quejó en un pasaje, para más adelante advertir: “Espero que el bloque me acompañe, porque de lo contrario, voy a tener que reflexionar qué hago en el futuro”. Es evidente que Pichetto no presidirá un bloque en el que esté Cristina Kirchner.

“El bloque es primera minoría, es liderado por Pichetto, y se muestra compacto y alineado con el dirigente rionegrino, que pretende por otra vía ser un factor de reorganización del peronismo nacional -apuntó Rouvier a Parlamentario-. Entonces, por un lado la presencia en el Senado de CFK le va a dar más visibilidad, más cotidianeidad, pero la nivela con el resto de los legisladores”. Pero advierte que, por otra parte, “habrá decididos intentos de cortarle el camino a un liderazgo que hoy está concentrado en el conurbano y una porción de la Ciudad de Buenos Aires”.

El destino de los expresidentes

Es común que cuando dejan el poder, los gobernadores remisos a volver al llano recalen en el Senado, más que en la Cámara baja. Pasó siempre, y en la actualidad hoy hay diez exmandatarios provinciales en la Cámara alta -José Alperovich (Tucumán), Walter Barrionuevo (Jujuy), Oscar Castillo (Catamarca), Julio Cobos (Mendoza), Carlos Menem (La Rioja), Carlos Reutemann (Santa Fe), Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Juan Carlos Romero (Salta), Angel Rozas (Chaco) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero)-, mientras que en Diputados son solo cinco -Hermes Binner (Santa Fe), Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca), José Luis Gioja (San Juan), Luis Beder Herrera (La Rioja) y Felipe Solá (Buenos Aires)-.

Entre todos estos casos citamos el de un expresidente de la Nación como Menem, que este año buscará su tercer mandato en la Cámara alta. Pero lo cierto es que de los cinco presidentes elegidos en las urnas, dos fueron después senadores -Raúl Alfonsín en 2001, Menem en 2005-, uno diputado nacional -Néstor Kirchner en 2009-, y Cristina Kirchner intenta recorrer el mismo camino este año. Unicamente Fernando de la Rúa no volvió a candidatearse, en su caso por obvias razones. Y un dato anexo: los Kirchner fueron los que lo intentaron en la primera elección tras dejar sus respectivas presidencias.

Senador nacional desde 2001, Miguel Angel Pichetto tiene una mirada crítica en ese sentido. Puntualmente sobre el caso de Cristina Kirchner, decía cuando su candidatura era solo una posibilidad remota que “una persona que fue presidente durante dos períodos creo que no debería estar haciendo una discusión política por un cargo de menor entidad”. Y sugería que “si estuviera en el lugar de ella me quedaría con el activo del 54% del año 2011”, aunque aclaraba que esa era “una reflexión de tipo personal”.

“Los expresidentes no deberían hacer nunca más política”, concluye el rionegrino.

En el mismo sentido el diputado Alejandro Grandinetti dice ser “de la idea de que tendría que ser como la tradición en Estados Unidos, donde los expresidentes no vuelven a la arena política, y eso le hace muy bien a la institucionalidad. Desgraciadamente no fue lo que ocurrió con los expresidentes en nuestro país, que siguen teniendo una vida activa muy partidista”.

“Creo que cuando se logra la máxima magistratura, aquel que ya la alcanzó debiera ser un hombre de consulta, pero nunca más volver a la actividad política cotidiana”, concluye Grandinetti.

Inmunidad por seis años

¿Y los fueros? En rigor, no parece ser ese el objetivo primigenio de Cristina que la lleve a participar de las elecciones, pero es obvio que podría gozar de los mismos inmunizándose -como dijimos- por los seis años venideros. Pues ya ha dicho Pichetto que en el Senado “siempre hemos tenido la visión de cuidar a las figuras históricas”. Lo cual, aclaró, no significa “encubrimiento”, aunque sostiene que “los expresidentes deberían tener una jurisdicción especial”.

Esa prerrogativa no impediría que pudiera llegar a sentarse en el banquillo y llegado el caso hasta ser condenada. Pero es lo que ya sucedió con el senador Carlos Menem, cuyo desafuero no ha sido nunca propuesto para que vaya a cumplir la condena impuesta, y de hecho ahora va por un nuevo período, e inmunidad por otros seis años.

De todos modos, Cristina no ha sido siquiera enjuiciada aún, y bien se sabe que los jueces suelen estar muy atentos al volumen político de los acusados. Si le va bien en octubre, no pasará desapercibido para los jueces federales que siguen teniendo una sensibilidad especial para con los políticos que mantienen poder.

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