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Una crisis sanitaria que acelera la remodelación del mundo

Domingo, 29 Marzo 2020 10:08

(adnmarcospaz // Franco Vielma).-- La conmoción global generada por el Covid-19 es un elemento súbito que ha venido a acelerar una remodelación del ordenamiento planetario. No es destemplada esta afirmación, entendiendo que el sistema económico y las relaciones de la política mundial tienen la crisis sistémica como un elemento que siempre ha propiciado turbulencias y reacomodos. 

Franco Vielma: Maniobras de Citibank forman parte de la guerra no ...El autor es un investigador social venezolano especializado en geopolítica.
Quizá, como pocas veces, un viejo adagio chino tiene tanta vigencia como hoy: “El aleteo de una mariposa podría estremecer el otro lado del mundo”. Un enunciado fundamental de la llamada Teoría del caos. Al menos hasta ahora, se sabe que el Covid-19 pasó de los murciélagos a los humanos cuando el murciélago equivocado fue incorporado a la cadena alimenticia, y a partir de ese minúsculo evento, estalla el virus a finales de 2019, y a la tercera semana de marzo de 2020 los mercados mundiales se colocaron a un nivel de colapso sólo comparable a los de la crisis de 2008 y la “Gran Depresión” de 1929, augurando el auge de una “economía del día después” del virus.

Un brote viral en China por sí solo no explica el declive de la economía mundial. Tal como lo dice la propia Teoría del caos, entre el aleteo de la mariposa y el estremecimiento del otro lado del mundo hay “circunstancias de amplificación”. Para la economía y la política mundial, esos factores yacen en el andamiaje gestado en la globalización, en la institucionalidad global y en el conjunto de relaciones que han propiciado que la actual crisis sanitaria se proyecte ahora como una nueva gran crisis económica y de la gobernanza.

Los primeros síntomas de una remodelación

En este punto son claramente previsibles algunos espasmos, algunos síntomas de la crisis sistémica acentuada por el virus. La gran crisis económica y política que podría venir tuvo un episodio en 2008, y al parecer el virus ha venido a acelerar una gravitación, una inercia que ya era inexorable.

Para el filósofo surcoreano Byung-Chul Han,

bch_4_“la reacción pánica de los mercados financieros a la epidemia es además la expresión de aquel pánico que ya es inherente a ellos. Las convulsiones extremas en la economía mundial hacen que esta sea muy vulnerable. A pesar de la curva constantemente creciente del índice bursátil, la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido. Probablemente el virus no sea más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor”.

Entretanto, algunos analistas como Robin Niblett, director de Chatham House, también conocido como Instituto Real de Asuntos Internacionales del Reino Unido, opinan que la pandemia podría remodelar la globalización económica como hoy la conocemos: “El Covid-19 está obligando a los gobiernos, empresas y sociedades a reforzar su capacidad de enfrentarse a largos períodos de autoaislamiento económico”.

Por otro lado, el epicentro del virus en China y la decisión del gobierno de la República Popular de aplicar cuarentena total vinieron con la paralización fabril, rompiendo un eslabón esencial en la producción de bienes con impacto desde la región Asia-Pacífico hasta Occidente. Este factor aceleró el “pánico” en los mercados, evidenciando la fragilidad de la globalización económica.

El investigador principal de estudios sobre América Latina del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Shannon K. O’Neil, considera que a partir de este punto las empresas replantearán y reducirán las cadenas de suministro multinacionales que dominan la producción hoy en día.

“Más empresas querrán saber más sobre la procedencia de sus suministros y cambiarán la eficiencia por la redundancia. Los gobiernos también intervendrán, obligando a las industrias estratégicas a tener planes de respaldo y reservas nacionales. La rentabilidad caerá, pero la estabilidad de la oferta debería aumentar”, pronostica el analista, en un discurso claramente congruente con el ideario económico de la era Trump que supone rescindir del modelo que colocó a China como la locomotora industrial del planeta.

Para la ganadora del Pulitzer Laurie Garret, “el choque fundamental para el sistema financiero y económico del mundo es el reconocimiento de que las cadenas de suministro y las redes de distribución mundiales son profundamente vulnerables a las interrupciones. Por lo tanto, la pandemia del coronavirus no solo tendrá efectos económicos duraderos, sino que conducirá a un cambio más fundamental”.

En clara alusión a un cambio en el modelo de tercerización de las cadenas de valor hacia China y Asia, Garret indica que “el resultado podría ser una nueva etapa dramática en el capitalismo global, en la que las cadenas de suministro se acercan a casa y se llenan de redundancias para proteger contra futuras interrupciones. Eso puede reducir las ganancias a corto plazo de las empresas, pero hace que todo el sistema sea más resistente”.

Tal parece que los analistas occidentales están reescribiendo y prediciendo el futuro dentro de la misma coherencia que colocó a Donald Trump, como un factor del industrialismo nacional, en la presidencia estadounidense. Es decir, desde un punto de bifurcación y ruptura con los neoliberales afectos a la globalización como la conocemos.

El andamiaje de Occidente, que había pregonado a la globalización como orden civilizatorio del mundo unipolar, está perdiendo en su propio juego frente a los actores emergentes, especialmente China, foco inicial de la pandemia pero al mismo tiempo objeto de las políticas de la Administración Trump de “guerra comercial”, como una indiscutida respuesta a la imparable influencia del gigante asiático.

La tendencia de “reacomodo” también se perfila de igual manera en la política. Con el auge del coronavirus y la vulnerabilidad política que se cierne sobre los gobiernos, el fortalecimiento de los Estados-nación podría ser la alternativa más fiable para la gobernabilidad, de cara a un mundo en el que la institucionalidad global se diluye.

El Día

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